Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

EL HILEMORFISMO COMO CONTESTACIÓN AL PLATONISMO

Posted by forseti4y9 en 5 agosto 2010

Esta es una de las pruebas que presenté a la asignatura de Historia de la Filosofía Antigua II (echando mano de los apuntes del profesor Solana en la asignatura de Textos).

Aristóteles predica el hilemorfismo de la naturaleza: todo ser tiene materia y forma.

En el ser viviente, la materia es el cuerpo y la forma es el alma.

Según vemos en el libro tercero de Acerca del alma, hay tres partes separables en un alma única: la parte racional, que “conoce y piensa”, la vegetativa y la sensitiva.

Otra cosa es si esa separabilidad de la parte racional, que “conoce y piensa” (429a10) (según la traducción de Tomás Calvo en Gredos[1]) lo es sólo en cuanto a la definición y no en cuanto a la magnitud, como plantea el propio Aristóteles.

En cualquier caso para Aristóteles esto es un compuesto unitario, el alma no es algo separado del cuerpo e inmortal, como lo era en Platón, sino que representa el principio vital del ser. Para Aristóteles, el alma es al cuerpo lo que la función es al órgano: si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma.

Además, podemos poner estos conceptos en relación con los de potencia y acto: la materia es a la forma como la potencia al acto.

Estos conceptos han tenido largo recorrido en la historia de la filosofía. Así, según el profesor Ezquerra, Hegel tomará sus conceptos de “en sí” (ansichs) y “para sí” (fürsich) de la potencia y acto aristotélicos[2]. También para Mejía[3], “Hegel reinterpreta la pareja dynamis-enérgeia a partir de la relación sujeto-objeto qua proceso propio del absoluto, siendo la subjetividad el respecto agente y la objetividad el paciente”.

El intelecto, para Aristóteles, es intelección de intelección. Después de entender todos los inteligibles, se entiende a sí mismo, pues es un inteligible en acto. Esto es, tal como señala el capítulo cuarto del libro tercero de Acerca del alma: “el intelecto es en cierto modo potencialmente lo inteligible si bien en entelequia no es nada antes de intelegir”.

Dicho en términos más modernos, la consciencia es algo posterior al proceso intelectual, el entendimiento sólo puede entenderse a sí mismo cuando ya ha entendido algo y así tiene una realidad, una forma actual, no mera potencia.

La teoría hilemórfica es expuesta de nuevo por Aristóteles en el capítulo quinto del libro tercero de Acerca del alma: “Puesto que en la Naturaleza toda existe algo que es materia para cada género de entes –a saber, aquello que en potencia es todas las cosas pertenecientes a tal género- pero existe además otro principio, el causal y activo al que corresponde hacer todas las cosas –tal es la técnica respecto de la materia- también en el caso del alma han de darse necesariamente estas diferencias”.

A partir de ahí, podemos entender que el intelecto activo es separable del pasivo. Hicks[4] expone claramente que en este capítulo “A. introduces a distinction between two forms of intellect conventionally known as the passive intellect (nous pathetikos) and the active intellect (nous poietikos)”.

Hicks vincula el capítulo quinto del libro tercero de Acerca del alma con el libro duodécimo de la Metafísica, donde habla de acto/potencia, donde analiza las causas del ser.

En definitiva, el hilemorfismo propugna que hay dos causas principales en la constitución del ser: la material y la formal. La realidad física es el compuesto de ellas, no la mera suma. La forma es lo que actualiza la materia.

En este sentido, el profesor Solana entiende que igual que hay un acto puro o primer motor inmóvil en relación con el cosmos, con la física, con la Naturaleza (la explicación del movimiento exige que postulemos un acto puro existente), también lo habría en el conocimiento. Así, habría una inteligencia, un motor inmóvil exterior a la naturaleza, un acto puro, activo, exterior, no individual, que actualiza los entendimientos pasivos de los individuos. Esta es la interpretación general de la filosofía islámica (Averroes, Avempace…).

Efectivamente, esta visión del hilemorfismo de Aristóteles que hemos planteado se opone al dualismo platónico, dualismo de mundos, el de lo sensible y el del pensamiento, dualismo cosmológico (el Demiurgo del Timeo) y dualismo antropológico, alma y cuerpo.

En la Edad Media se verá la incompatibilidad entre el dualismo platónico y el cristianismo (salvo que se aproveche en cierta manera la manera de comprender la relación entre alma y cuerpo para explicar su sustancial unidad), por lo que la tesis hilemórfica se impone con el “placet” de Tomás de Aquino.

Así, el hilemorfismo como doctrina aristotélico-tomista ha sido asumido a través de los siglos como una superación del dualismo platónico y de los monismos, tanto de carácter materialista como espiritualista, propuestos hasta entonces, pero, tal como señala Conrado Giraldo[5] a propósito del pensamiento de Laín Entralgo, quizá esa superación no sea tal, y bajo ese hilemorfismo se esconda disfrazado un dualismo. Para Giraldo, “la idea de sustancia implica suponer un dualismo presente en la concepción de la realidad. Aristóteles con su hilemorfismo y su idea de sustancia continúa, según Laín, el sentido dualista de su maestro Platón, y aún más lo hace Tomás de Aquino.”

En resumen, en Aristóteles, el cuerpo se identifica con la materia y la potencia; el alma (principio vital) con la  forma y el acto. La unión entre alma y cuerpo es sustancial; así, para el estagirita, el alma no preexiste y el conocimiento es humano, lo que le diferencia de Platón. La virtud ya no es innata, en contraposición con el intelectualismo moral de Sócrates y Platón.


[1] ARISTÓTELES, Acerca del Alma, Gredos, Madrid, 1978

[2] Esta idea puede verse por ejemplo en: HEGEL, G. W. F., Phänomenologia des Geistes, Vorrene, en Gesammelte Werke, t. IX, Felix Meiner, hamburg, 1980, p. 429.

[3] MEJÍA, E., “La negatividad en Hegel y la Kehre Heideggeriana”.

http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:20578&dsID=negatividad_hegel.pdf

[4] HICKS, R., Aristotle, De Anima with translation, introduction and notes, Cambridge, 1907, p. 498.

[5] GIRALDO, C. “El dualismo subyacente en el hilemorfismo. Una crítica de Pedro Laín Entralgo.” Escritos. Vol. 17. nº 39. Julio-diciembre (2009), p. 466.

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