Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

Hitler y la banalidad del mal.

Posted by forseti4y9 en 24 abril 2009

Quisiera compartir una reflexión que me ronda la cabeza. Cuando Arendt, al tratar del caso de Eichmann, hace suya la expresión de la “banalidad del mal”, la idea que ha hecho fortuna es que cualquier tipo, por insignificante ciudadano medio, normalizado, que sea, puede formar parte del mal, con lo que este queda, digamos, invisibilizado. O al menos eso creo que yo que suele entenderse por esa expresión de “banalidad del mal”.
Pues bien, querría plantear que esto supone, quizá, pensar, que el alemán que está en la cola del pan ejercita el mal de manera banal mientras que Hitler y demás capos nazis lo ejercitan de manera fetén, encarnando el anticristo.
Y esta hipótesis me plantea dudas. Pues, pienso, que en realidad el mal se convierte en moneda de uso corriente con la misma categoría de banalidad tanto en la clase dirigente como en el pueblo llano. Pues, en mi opinión, en tanto que humán, Hitler y demás mafia política, cuando usan de su poder sin cortapisas de ningún tipo, no son anticristos, personas con mayor aura que el que pide la vez en el pescatero, sino que son tan banales como sus ciudadanos.
Así, el mal siempre sería banal, lo ejercite Agamenón o su pocero (parafraseando al Juan de Mairena de Machado cuando se refiere a la verdad, cosa que fue objeto de pregunta en un examen del cuatrimestre pasado:
La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

Agamenón: —Conforme.

El porquero: —No me convence.

Antonio MACHADO / Juan DE MAIRENA

3 comentarios to “Hitler y la banalidad del mal.”

  1. Arman García (Administrador) said

    En parte estoy de acuerdo contigo Guillermo. No sé si ya te habrás descargado Moloch, pues al respecto de la misma dijo Sokurov en una entrevista que pretendía mostrar que Hitler era alguién con quién te podías cruzar en tu portal. Hans-Jurgen Syberberg, director de la monumental (4 horas de duración) “Hitler, un film de Alemania“ (recientemente proyectada en la filmoteca) va más lejos y declara: “Se trata del Hitler en nosotros”.

    No obstante, me temo que este enfoque nos puede llevar a cierto humanismo melifluo consistente en ver en la figura del dictador a un hombre insignificante que una vez llegado al poder da rienda suelta a su sentimiento de inferioridad. De ningún modo se explica la relevancia de Hitler de este modo.
    Si hicieramos una jerarquía de pasiones, supongo que Marques de Sade estaría en la base y Hitler en lo más alto pues para él las pasiones humanas ya son insignificantes y lo que pasa a primer plano es el Orden Mundial o la Eternidad de Alemania. De algún modo fue el sacerdote supremo de Moloch y ha saboreado la esencia última del Poder. Es lo que diferencia a Hitler de un alemán que está en la cola del pan o de un ex-criador de pollos como Heinrich Himmler…
    La grandeza de Sokurov estriba precisamente en su capacidad de esbozar esa in-humanidad de Hitler a través de su banalidad. El trasfondo de los diálogos absurdos que giran en torno al vegetarianismo o los rasgos raciales de italianos y checos es el de millones de seres humanos siendo sacrificados a Moloch en las cámaras de gas…

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