Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

El happy end de Habermas.

Posted by forseti4y9 en 5 noviembre 2009

Del pensamiento habermasiano puede, en una primera lectura, entresacarse un optimismo desmesurado. Una confianza en lo que en algunos momentos Muguerza llama happy end .
Dado que la intención del filósofo alemán es ofrecer una teoría que, por medio de la razón dialógica o comunicativa, sirva de bisagra para culminar el proyecto inconcluso de la Ilustración, esta primera impresión parecería justificada.
Por ejemplo Muguerza prefiere declararse perplejo al modo del que se deja guiar por Maimónides y desconfiar del racionalismo excesivamente ambicioso del germano. Parece perplejo ante la propia personalidad de Habermas, al que ve titubeante respecto a la idea de postmodernidad, a la que en otro tiempo no hizo ascos.
En cambio para Velasco, la hipótesis de Habermas no es sino un telos inherente al lenguaje en su uso comunicativo, un constructo teórico que sirve para asegurar la imparcialidad en las interacciones comunicativas, una ficción metodológica, un experimento conceptual . En palabras de este autor: la teoría discursiva ha renunciado a formular proyectos alternativos globales o utopías, la razón comunicativa no puede ofrecer de manera satisfactoria ni redención ni consuelo.
Esto no es algo que parezca que se pueda dar por hecho para Muguerza, quien teme que Habermas nos ofrezca excesiva esperanza, y nos ocurra como al rabino aragonés Abarbanel, que acaba descubriendo que la esperanza de huida del calabozo cuando el Gran Inquisidor Pedro Argüés le libera de las cadenas no era sino parte del tormento . Pues Muguerza desconfía de sobrevalorar el consenso sobre el conflicto, el diálogo irenista sobre el polémico .
Incluso en el libro de Muguerza creemos atisbar una contradicción con el libro de Velasco. Si este nos dice, como acabamos de ver, que la hipótesis de Habermas es un constructo teórico, en cambio en el de aquél leemos que Habermas puntualiza que “la situación ideal de habla no es ni un fenómeno empírico ni un mero constructo teórico, sino que constituye más bien una inevitable suposición que recíprocamente nos hacemos en el discurso ”, una anticipación, aun contrafáctica, de la situación ideal de habla.
Para Löwy, Habermas aspira a una utopía, y si creemos a Löwy, confesada por el propio Habermas (de son propre aveu ). En concreto, aspiraría a la utopía burguesa de la razón, propia de la Ilustración, en la cual las esferas de acción formalmente organizadas del burgués (la economía y el aparato del Estado) constituyen las bases para el mundo de la vida post-tradicional de un Hombre (esfera privada) y de un ciudadano (esfera pública). Según Löwy, Habermas reconocería que esta imagen idílica es constantemente desmentida por las realidades de la vida burguesa, pero no dejaría por ello de creer en las potencialidades de la razón para actuar orientado hacia la mutua comprensión, presentes en la comprensión de sí misma de una burguesía europea marcada por el humanismo.
Concluye Löwy que es más creíble el diagnóstico de Weber y de Marx que el sueño (demasiado) razonable de Habermas, para quien la racionalidad instrumental puede quedar en los límites de su esfera sistémica (economía de mercado y Estado burocrático) sin necesariamente tener que colonizar el mundo de la vida.
Para Löwy, incluso en un contexto utópico la razón comunicativa tiene límites, pues hay ciertas oposiciones de valores (culturales, religiosos, estéticos, sociales) siempre irreductibles a una racionalización integral, y la tentativa de Habermas supone incluso una regresión respecto al lúcido diagnóstico de Weber, Lukács y la Escuela de Francfort hacia las ilusiones liberales del racionalismo del siglo XIX.
Incluso según McCarthy, para Habermas el contenido utópico del pensamiento de la Ilustración, que quedó desmentido por las realidades de una sociedad entregada a la incontrolada dinámica del crecimiento económico, no era una simple ilusión (aunque era ciertamente ideológico) .
En mi opinión, la razón comunicativa puede jugar un papel muy importante en las sociedades modernas, y no hay que despreciar su valor, pero quizá no sirva para tener la significación universal que pretende bajo la que McCarthy denomina “fecundidad empírico teórica de los programas de investigación” basados en ella (con conceptos que en el plano metateórico facilitan el incremento de racionalidad experimentado por el mundo de la vida moderno).
Por tanto, a la pregunta de si realmente cree Habermas en el final feliz de la sociedad, creo que de la lectura de la obra del propio Habermas no puede extraerse una respuesta clara. Si bien parece haber reconocido el propio Habermas que su teoría del discurso no tiene alcance universal, cuando se enfrenta a la realidad de las cuatro grandes vergüenzas político-morales que hoy oscurecen la Humanidad (la miseria del Tercer Mundo, la violación de la dignidad humana, la hiriente distribución de riqueza y el peligro de destrucción del planeta) como pone de manifiesto Ortega Ruiz , en cambio en otros momentos parece otorgar una confianza paradójica (y es curioso que haga esto, cuando gusta de poner en solfa las paradojas en las que caen otros autores) en la racionalización del mundo de la vida, que posibilitaría al mismo tiempo la cosificación sistémicamente inducida y la perspectiva utópica desde la que continuamente se ha venido acusando a la modernización capitalista de disolver las formas tradicionales de vida sin salvar su sustancia comunicativa .
La teoría crítica de Habermas de la acción comunicativa podemos estar de acuerdo en que es un presupuesto teórico fecundo, pero a partir de ahí pensar que o bien puede anticipar una situación ideal de diálogo que ha de darse o bien que no pasa de ser una utopía basada en la razón ideal, es algo que de la lectura del propio Habermas y de los autores que lo comentan no me queda claro.
Por expresarlo de otra manera más esquemática, a partir de la pregunta de si la situación ideal de diálogo (como pregunta ejemplificadora de la validez de su teoría de la acción comunicativa) de Habermas está destinada o no a verificarse (utilizando la expresión que Alfonso Ruiz Miguel utiliza en un momento dado en un comentario a la obra de Bobbio, cuando afirma que el propio Bobbio dijo que la hipótesis de que él pudiera escribir un tratado de filosofía del derecho era una “hipótesis destinada a no verificarse” ), podemos responder con un mapa de posicionamiento de lo que la lectura de cada uno de los autores analizados me sugiere al respecto:

Hipótesis destinada a verficarse: Löwy más que McCarthy
Dudas: el propio Habermas
Hipótesis destinada a no verficarse: Velasco más que Muguerza

El germano es de difícil lectura, pues maneja una jerga propia, y esto se une a que se empeña más en demostrar aporías filosóficas ajenas que en centrarse en sus propios constructos teóricos.
El éxito indudable de su teoría creo que no hace sino confirmar que se necesita creer en algo que nos dé esperanzas de futuro como conjunto de sociedad. Ahora bien, la esperanza no crea la realidad, al menos no siempre, como bien aprendió (y de nada le sirvió) el rabino aragonés Abarbanel.
Habermas nos quiere incluso ofrecer, en mi opinión, un sentido global de la historia de la humanidad basado en la acción comunicativa, en la situación ideal de habla, sea entendida como mera idea regulativa o incluso como verdadero proyecto a poner en marcha, y entiendo que la realidad está más cerca del concepto de historia de tintes nietzscheanos que nos muestra Foucault ; diría que el origen de la historia es bajo, no divino ni perfecto, y ni si quiera razonable, pues a la puerta del hombre está el mono, y con ese principio no se augura un final culminante de éxitos para la razón dialógica.
A modo de conclusión, diremos con Muguerza que la obra titulada Teoría de la Acción Comunicativa de Habermas no deja de ser la elaboración de una teoría de la sociedad. Lo que McCarthy califica incluso de culminación de los anteriores esfuerzos de Habermas para reconstruir una teoría de la sociedad con intención práctica . Incluso esta puede ser ya un primer paso en la dirección de construir una teoría de más largo recorrido, como en este ensayo hemos querido demostrar. Una teoría que alcanza a la política, a la ética y al discurso de la razón, como temas imbricados en un mismo telar. Para unos, este propósito de Habermas está bien conseguido, para otros, no tanto, como ya hemos visto.

Este es un extracto ((la parte final) del trabajo que presenté a la asignatura de Filosofía Política en el Mundo Contemporáneo. Los materiales que se refieren son:
• HABERMAS, J., Teoría de la acción comunicativa II, Taurus, Madrid, 1988.
Me he centrado en la lectura desde las Consideraciones Finales (desde la página 427 al final, la 572).
• LÖWY, M. Habermas et Weber. Presses universitaires de France, Actuel Marx nº 24 – Deuxième Semestre 1998.
• McCARTHY, TH, La Teoría Crítica de Jürgen Habermas, Tectos, 1987, Madrid.
• MUGUERZA, J., Desde la perplejidad, Fondo de Cultura Económica, México, 1990.
• ORTEGA RUIZ, P., “De la ética de la compasión a la pedagogía del encuentro”, Educación moral, VI Congreso, Cajamurcia, 1997.
• VALLESPIN, F., “Teoría del discurso y acción comunicativa en Jürgen Habermas”, Teorías políticas contemporáneas, Tirant lo Blanch, Valencia, 2001.
• VELASCO, J.C, Para leer a Habermas, Alianza Editorial, 2003, Madrid.
• BOBBIO, N., “Estudio prelimiar: Bobbio y el positivismo jurídico”, Contribución a la teoría del derecho, Editorial Debate, Madrid, 1990
• FOUCAULT, M., “Nietzsche, la genealogía, la historia”, Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1992.

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