Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

Concepción de la vida como sueño

Posted by ganxo en 18 noviembre 2009

Extracto de la monografía presentada para la asignatura de Epistemología de las ciencias humanas.

 

 

Concepción de la vida como sueño;

         Vida como realidad,

¿Qué es la realidad? “La realidad es un continuo surtidor de novedades”[1], dice García Bacca citando a Bergson en su libro Introducción Literaria a la Filosofía. De ser así, un sueño cumple también estas premisas; también se generan imágenes que nuestra mente interpreta como nuevas, por lo tanto según esto, un sueño es realidad. Según Descartes hasta las más descabelladas formas salidas del pincel del pintor están basadas en imágenes reales, y si la potencia creadora del artista es tal que puede traspasar los barrotes de la realidad, incluso entonces estará empleando colores conocidos.

El de los colores es un tema interesante. Todos, con la excepción de los que padecen de trastornos visuales como el daltonismo, somos capaces de reconocer colores y llamarlos por su nombre. ¿Cuál es su nombre? Aquel con el que de pequeños aprendimos a mencionarlo. Podría ser también, que cada uno viéramos verdaderamente un color distinto, pero al haber sido enseñados que determinada longitud de onda reflejada por la luz en un objeto ha de ser llamada por ejemplo “azul” todos lo llamáramos igual. Entonces cada uno veríamos una cosa pero una educación común nos haría mencionarlo de la misma manera. Esto está cercano al debate de si solo hay una realidad o hay tantas como puntos de vista; es un tema difícil de abordar, por que para analizarlo solo contamos con un punto de vista, el nuestro, lo que nos limita el alcance de nuestra reflexión.

Desde el punto de vista filosófico, dos han sido las visiones históricas para este problema, Materialismo e Idealismo. El Materialismo afirma que lo material precede al pensamiento. Todo lo real es material y viceversa, el universo no es más que un conjunto de átomos ordenados que siempre han estado ahí, no hay creatio ex nihilo. En oposición al Materialismo se encuentra el Idealismo, que afirma que la realidad como tal no puede conocerse; a lo más que podemos aspirar es a conocer las realidades sensibles.

El sueño implica reducción de la sensibilidad; no en vano decimos “se nos ha dormido” cuando un miembro queda insensible. De la sensibilidad basamos nuestro sentido de lo real, lo que “notamos” es lo que es. Siguiendo ese ejemplo y alegando de nuevo a lo inmediato del sentido de la vista, verbigracia clara es la del mundo de arte, más en particular el de la pintura. ¿Son reales los personajes de los cuadros? En obras plagadas de detalles fantásticos como El Jardín de las Delicias, El Bosco consigue sumir al espectador en una atmósfera totalmente fantástica en la que se plasman irrealidades cuya existencia sólo puede tener cabida en el lienzo. Nos son irreales a nosotros, debido a que lo vemos desde fuera. Podemos “analizar” todo el sistema que conforma la obra sin tener que cuestionarnos las preguntas que nos supondrían hacer este análisis desde dentro. Pero para la existencia de los personajes del cuadro, si pudieran tener conciencia de sí mismos, nada podría desmentir la realidad en la que se desenvuelven. Para “ellos” no hay nada más real. De igual modo, el cine en cierto modo es real. Es real y no lo es. Es real para los personajes de la película, para ellos no existe nada más. Para nosotros el cine es externo, aunque muchas veces al estar sumidos en la película nos puede parecer mucho más real que las miles de historias cuyos protagonistas de carne y hueso nos rodean pero sus sufrimientos y desdichas siquiera nos rozan, solo nos pasan de lejos; y mientras podemos estar sumidos en otra realidad que en ese momento nos parece mucho más auténtica.

La realidad depende  del punto de vista de aquel que así la llama. Esto está muy ligado al solipsismo, pero siguiendo la tradición Cartesiana de la duda, cada uno solo puede asegurar de manera absoluta e irrefutable lo que él mismo puede comprobar, es decir su propia existencia. De la de los demás solo puedo suponerla, pero nada la asegura de forma tan irrebatible como la propia. Tal vez haya tantas realidades como existencias con autoconciencia, y para cada uno el resto del mundo solo sean las marionetas del gran teatro de reales. Puede que cuando uno muera caiga todo el telón (muerto yo muerto todo, decía la sabiduría castellana en boca de Sancho Panza). La crítica habitual al solipsismo es que no es posible que quepa tanta realidad en la mente de un sujeto; aquí Calderón nos dice cuando Segismundo descubre el entramado palaciego: “Cielos, si es verdad que sueño, suspendedme la memoria, que no es posible que quepan en un sueño tantas cosas”.[2]

 

Vida como sueño,

¿Quién me asegura…? Se pregunta Descartes en sus Meditaciones, donde pocas cosas pueden ser afirmadas de forma rotunda y continuamente se está planteando escépticamente la realidad. Se llega a la conclusión de que un sujeto que piensa en un momento del tiempo tiene que existir. Para empezar, sabemos que en mundo de los sueños el tiempo tiene escaso o ningún valor, “El sueño nos enajena, nos priva del tiempo”.[3]

 ¿Qué soy? Según los cánones Cartesianos un sujeto que piensa, siente, imagina, etc.. ¿Pero acaso hay algo diferente en un sueño? ¿No puede pensar un sueño? “¡Parece mentira! A no verlo no creería… No sé si estoy despierto o soñando…”[4] Tal vez el Cogito ergo sum Cartesiano cabría ampliarse en un Sueño, luego existo, somnio, ergo sum. ¿Mas si la vida es sueño, quién soy, quien sueña o quien es soñado? “¿Qué es lo que más existe, él como conciencia que sueña, o su sueño? -¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador?”[5]

La inexorabilidad del lo real se rompe en el sueño. El “robusto sentido de la realidad” al que Russell alegaba para criticar el Idealismo Hegeliano es apenas una fina línea de humo, que se desdibuja cuando cae nuestro estado de conciencia en sueños. Los sólidos anclajes Cartesianos no están ahora presentes para hacernos poder asegurar la existencia que nos rodea. Realidad y tiempo son conceptos relativos cuando el mundo de Oniros aflora.  “No puede decirse que quien sueña esté privado de la realidad, libre o fuera de ella absolutamente, sino que la padece, que está bajo ella, que no puede ni contenerla ni ordenarla;  porque si la vida es sueño, es sueño que pide despertar”[6]

Todos necesitamos creer en algo. Las creencias son lo que nos diferencian de los animales, que todo lo que son les viene prácticamente dado por naturaleza. Los hombres en cambio queremos creer. Ya sea en la creencia de una vida más allá de la frontera de la muerte, en un sistema político, en la bondad humana, o en que un futuro mejor es posible, el aferrarnos a algo que no podemos asegurar pero nos gustaría poder hacerlo está intrínseco en la naturaleza humana. Las religiones han sido históricamente expertas en ofrecer respuestas inteligibles para acontecimientos de por sí ininteligibles, pero con el paso de tanta pregunta y respuesta lejanos quedan los días en los que su credo tenía primacía y decisión final en los asuntos del alma. La literatura, poesía, y en alguna medida la filosofía más literaria también ha ofrecido diversos puntos de vista en los que creer. ¿Qué puede afirmarme como tampoco desmentirme que la vida sea sueño? Y que, tal vez lo sea, pero como magistralmente acaba el segundo acto de la ópera magna de Calderón de la Barca, y los sueños, sueños son.


[1] GARCÍA BACCA, Introducción                 Literaria a la Filosofía, Universidad central de Venezuela, 1964, página 143

[2] CALDERÓN DE LA BARCA, Pedro. La vida es sueño. Crítica. Barcelona 2008, página 232

[3] ZAMBRANO, María. Los Sueños y el Tiempo.  Ediciones Siruela. Madrid 1992, página 16.

[4]  UNAMUNO. Niebla, página 236

[5] Ibid. página 238

[6] ZAMBRANO, María. Los Sueños y el Tiempo.  Ediciones Siruela. Madrid 1992, página 16.

 

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Una respuesta to “Concepción de la vida como sueño”

  1. […] Fue como un sueño bello, profundo y nuestro. Todo se alborotaba […]

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