Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

Microfísica del poder (Foucault)

Posted by forseti4y9 en 27 febrero 2010

El Seminario de Filosofía Política de este cuatrimestre de 2º del Grado va con este libro, así que puede venir bien que leaís este resumen del mismo, que presenté en 1º para Antropología Filosófica (una vez eliminadas las notas al pie), donde hay poca cosa de mi cosecha.

&0. Introducción.

Al tratarse este libro de una colección de 12 textos, intentaré ordenar qué entiende Foucault por relaciones de poder, concepto al que entiendo que hace referencia la expresión “microfísica del poder”, a partir de la afirmación básica de que el poder no se posee, se ejerce. Esta idea podemos verla reflejada cuando Foucault afirma: “Por todas partes en donde existe poder, el poder se ejerce. Nadie, hablando con propiedad, es el titular de él; y sin embargo, se ejerce siempre en una determinada dirección, con los unos de una parte y los otros de otra; no se sabe quién lo tiene exactamente pero se sabe quién no lo tiene” .
Del estudio en profundidad de la obra de Foucault no nos es posible ocuparnos ahora debido a la necesaria limitación del objeto del presente ensayo, si bien no nos resistimos a señalar que Miguel Morey señala que, según Deleuze, la aportación de Foucault a la filosofía se resume en tres preguntas mayores: ¿qué puedo saber?, ¿qué puedo hacer? Y ¿quién soy yo?; léase: la arqueología del saber, la genealogía del poder, y las técnicas de la subjetividad.

&1. En el primer artículo, “Nietzsche, la Genealogía, la Historia”, analiza el concepto de genealogía y de historia en Nietzsche, donde se enmarca adecuadamente la idea que Foucault tiene del concepto de poder. Así, ve que detrás de las cosas no hay una esencia, no está la libertad ni la verdad. El origen de la historia es bajo (a la puerta del hombre está el mono), no perfecto ni divino. La genealogía de la moral del conocimiento no es descubrir ese origen de la historia sino ocuparse se sus meticulosidades y azares. Es una genealogía crítica, basada en la premisa de que lo que conocemos no es producto de la verdad y lo que somos no se basa en el ser, sino en el accidente, enraizado en el cuerpo (el hombre débil es mejor, menos peligroso).
Le genealogía deja ver los diversos sistemas de sumisión: “no tanto el poder anticipador de un sentido cuanto el juego azaroso de las dominaciones” .
Sobre la humanidad, no hay que pensar en un progreso que nos llevará a una reciprocidad universal en la que las reglas sustituirán para siempre a la guerra, sino que cada una de las violencias se instala en un sistema de reglas y va así de dominación de dominación. Las reglas en sí mismas están vacías, son formales, sirven a cualquier voluntad. El devenir de la humanidad es una serie de interpretaciones que no se posan sobre ningún absoluto, por lo que el método adecuado de análisis no es la metafísica sino la genealogía.
En definitiva, la historia en sentido nietzscheano no tiene referencias ni coordenadas originarias, sino que son miríadas de sucesos perdidos, es un saber que se sabe perspectiva.
Vemos que el concepto de genealogía que Foucault maneja lo extrae de la filosofía nietzscheana, cosa que el propio Didier Eribon, biógrafo autorizado y amigo de Foucault da por supuesta en Michel Foucault y sus contemporáneos, donde por ejemplo en un momento dado dice: la noción de “genealogía” es, por supuesto, de origen nietzscheano .
&2. En la entrevista titulada “Más allá del Bien y del Mal” vemos que el saber actúa siempre como un juego de represión y exclusión. Por ejemplo, el saber académico implica una conformidad política; pero además de actuar en la Universidad hay que actuar en el sistema de prisiones, en hospitales psiquiátricos, en la justicia, en la policía, en los periódicos, en los Institutos… Más en general, nos dice que humanismo es todo aquello a través de lo cual se ha obstruido el deseo de poder en Occidente , y que en el corazón del humanismo está la teoría del sujeto; contra el humanismo debe ejercerse la lucha política y cultural.
Para reforzar la ideología del bien y del mal se agita la amenaza de lo monstruoso, de lo permitido y lo prohibido (al estilo del “mito del salvaje” que analicé en otro momento). Frente a ello, la acción revolucionaria debe atacar a la vez la conciencia y la institución, y no hay que despreciar la importancia de las acciones locales.
Foucault desconfía de las teorías y discursos generales, tal que proclama el marxismo y socialismo: “Esta necesidad de teoría forma parte todavía de este sistema que se quiere destruir” . No hay un “conjunto de sociedad” que construir, eso es pedirle demasiado a cualquier estrategia.
&3. En el debate con los maos titulado “Sobre la justicia popular”, Foucault plantea que el tribunal no es la expresión natural de la justicia popular, sino el signo de su dominación, inscribiéndola en las instituciones propias del Estado, es el signo de su primera deformación. El tribunal se opone a la justicia popular, pues el tribunal establece la división entre lo verdadero y lo falso, el culpable y el inocente, lo justo y lo injusto. “Los actos de justicia realmente populares tienden a escapar al tribunal” .
Foucault niega que el Ejército Rojo sea expresión adecuada de la justicia popular. Al contrario, la revolución tiene que pasar por la eliminación radical del aparato de justicia: no hay que apoyarse en el modelo del tribunal, pues por su mediación se reproduce la ideología del sistema penal en la práctica popular. El sistema penitenciario ha venido a salvaguardar el papel que antes jugaba el enviar a la gente a las colonias o al ejército, el sistema penal no es una simple superestructura sino que está en la raíz de las divisiones y contradicciones de la sociedad actual, como instrumento de la burguesía.
En definitiva, el nuevo aparato de justicia de un Estado revolucionario está por inventar, pero no puede ser ni la burocracia ni el aparato judicial propio de un tribunal, no una instancia neutra que decide “en virtud de una justicia que existe en sí y por sí” , pues un acto de justicia popular debe ser dilucidado por las masas mismas.
La lucha por la justicia podría hacerse siguiendo el juego de la justicia burguesa, haciendo guerrillas contra el poder judicial, o acudiendo a formas de equidad en una contrajusticia proletaria; pero Foucault reconoce que la idea de la contrajusticia proletaria es contradictoria en sí misma y no puede existir .
&4. En la entrevista con Gilles Deleuze, que aparece bajo el título “Los intelectuales y el poder”, vemos que Deleuze habla de que las relaciones entre la teoría y la práctica no son de causa-efecto, sino que son un conjunto de conexiones o redes; que una teoría es exactamente como una caja de herramientas. Ninguna relación con el significante… . Precisamente, a propósito de esa caja de herramientas, recomendamos la amena lectura del libro de Pastor Martín y Ovejero Bernal que lleva por título Michel Foucault, caja de herramientas contra la dominación , que analiza desde un punto de vista más pedagógico el pensamiento de Foucault.
En esta entrevista, Foucault señala que la lucha anti-judicial es una lucha contra el poder, no una lucha contra las injusticias de la justicia, no una lucha por un mejor funcionamiento de la institución judicial . En este sentido, me recuerda la frase de que “Se hace la guerra para ganarla, no porque sea justa”, que le dice Foucault a Chomsky en un debate televisivo que se hizo bastante famoso .
Además de la frase con la que hemos empezado este monográfico, con la idea de que el poder no se posee, se ejerce, podemos destacar que para Foucault el poder es algo enigmático, a la vez visible e invisible, presente y oculto, investido en todas partes. Quizá a la manera del fuego de Heráclito.
La manera en que el poder se ejerce no es evidente, y tiene que ver con las relaciones entre deseo, poder e interés, pero no con la evidencia de que el interés siga al poder o viceversa, sino en un juego donde el deseo tiene aún mucho que explicar .
5&. En “La entrevista sobre la prisión: el libro y su método”, Foucault nos enseña que la mecánica del poder del que él nos habla tiene una forma capilar de existencia, insertándose en el núcleo mismo de los individuos, en su discurso, en su vida cotidiana .
A modo de ejemplo, decir que en lo que hace referencia a la prisión, uno de los objetos de estudios preferenciales que atraviesan la obra de Foucault, nos previene que la delincuencia no forma parte necesariamente del orden de las cosas, sino que esto es un pensamiento propio de la burguesía del siglo XIX, que legitima que haya policía y genera el discurso del criminólogo, con la coartada de que el castigo es para transformar al delincuente.
Hasta ahora el poder ha sido estudiado como historia de los procesos, de las instituciones, pero se ha dejado de lado el estudio del poder en sus estrategias, “el conjunto de relaciones entre el poder y el saber, las incidencias del uno sobre el otro” .
Y esto lo dice aun reconociendo que en su filosofía el horizonte de conceptos es inevitablemente deudor de Marx, y que fue Nietzsche quien “ha dado como blanco esencial, digamos al discurso filosófico, la relación de poder” .
6&. En “Poder-Cuerpo”, Foucault subraya que el cuerpo social no aparece por consensus sino por la materialidad del poder sobre los cuerpos de los mismos individuos. El poder ocupa el cuerpo (por ejemplo en el autoerotismo, la masturbación, que se controla desde el siglo XVIII), e inevitablemente el cuerpo se revela contra el poder, en una lucha indefinida, aunque eso no quiere decir que no pueda terminar un día.
Pero Foucault no analiza los efectos del poder a nivel de ideología, pues privilegiar esta perspectiva represiva supone la existencia de un sujeto humano con conciencia al estilo de la filosofía clásica (y recordemos que según Foucault el hombre es una invención de fecha reciente, y cabe que el hombre se borre “como en los límites del mar un rostro de arena” ). Y en este sentido nos interesa ahora destacar que precisamente el poder “produce efectos positivos” tanto a nivel de deseo como de saber, y por tanto el poder, lejos de estorbar al saber, lo produce. Así, la noción de represión es insuficiente y peligrosa. Los mecanismos de poder no se reducen a reprimir. El poder no se localiza en el aparato del Estado, sino fuera de él; es por eso que efectivamente Foucault se dedica a estudiar los micropoderes que se ejercen a nivel cotidiano.
A partir de esta afirmación, podemos aplaudir que la recopilación de artículos y entrevistas que compone el libro objeto de esta trabajo lleve como título el que lleva, el de microfísica del poder. Pues el análisis de Foucault del poder es digamos como intrahistórico, por utilizar una expresión más propia del pensamiento filosófico español.
Las ciencias humanas deben afanarse en ver la lógica y la coherencia de las estrategias opuestas en los mecanismos de poder incardinados en los cuerpos, en los gestos, en los comportamientos .
&7. En la entrevista titulada “Preguntas a Michel Foucault sobre la geografía”, Foucault repite la idea que ya hemos expresado en este mismo trabajo de que su filosofía no pretende tener un discurso de verdad sobre no importa qué ciencia . No obstante, reconoce que en cuanto que se ocupa en último término de la verdad, es filósofo, aunque le gusta decir de él mismo que no lo es. Y si se ocupa de la verdad es porque se dedica a ver el entramado de las relaciones de poder .
Reitera también la idea ya expuesta de que si se quieren captar los mecanismos de poder en su complejidad y detalle no se puede uno limitar al análisis de los aparatos de poder solamente .
Aún vemos en esta entrevista más ideas ya expuestas, como la de que el individuo no es un a priori, o dicho en palabras de Foucault: “el individuo no es lo dado sobre lo que se ejerce y se aferra el poder” , sino que su propia identidad es el producto de una relación de poder que se ejerce sobre los cuerpos, las multiplicidades, los movimientos, los deseos, las fuerzas.
En este punto podemos afirmar que todo el pensamiento foucaultiano está bañado del concepto de poder, que anima incluso al concepto de individuo, al de verdad, y al de discurso.
En este último sentido, el del discurso, señala en este misma entrevista que “la formación de los discursos y la genealogía del saber deben ser analizados a partir no de tipos de conciencia, de modalidades de percepción o de formas de ideologías, sino de tácticas y estrategias de poder” .
&8. En el “Curso del 7 de enero de 1976”, y al hilo del concepto de discurso que acabamos de señalar, Foucault explica su concepto de genealogía, tan vinculado al de poder. Nos dice que la genealogía precisamente debe dirigir la lucha contra los efectos de poder de un discurso considerado científico. Genealogía que surge del “acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias locales que permite la constitución de un saber histórico de la lucha y la utilización de ese saber en las tácticas actuales” . Efectivamente, en los últimos 15 años, dice, se ha hecho una crítica de carácter local a través de la cual se ha producido la insurrección de los saberes sometidos, que en última instancia se refieren al saber histórico de la lucha. La genealogía es una anti-ciencia que lucha contra la instancia teórica unitaria que intenta filtrar y ordenar los saberes locales.
La genealogía es liberar los saberes menores, locales, frente al saber sometido a la jerarquía del poder propia de la ciencia.
Una vez liberados esos saberes no debemos caer en la tentación de darles una dirección hacia una unidad.
En este punto, quizá la crítica de Habermas hacia Foucault se dirige a poner de manifiesto que Foucault no acaba de aclarar hacia adónde va, lo que puede incluso estar fuera de la intención de Foucault. Esto es, cuando Habermas dice que a Foucault sólo le interesan las ciencias humanas como medios que en la modernidad refuerzan el proceso de erección de relaciones de poder en el seno de las interacciones concretas, mediadas por el cuerpo, y deja sin aclarar el problema de cómo los discursos se relacionan con las prácticas , parece echar en cara a Foucault una falta de dirección en su pensamiento, cuando entiendo que precisamente Foucault se niega a darle tal dirección a la búsqueda de una teoría unitaria, sea una u otra.
Entiendo que Foucault se limita a atacar el pensamiento moderno, enfatizando que la capilaridad de los mecanismos del poder inunda todos los saberes y actitudes que conocemos y tenemos, que inunda lo que somos, sabemos y podemos hacer, pero creo que está fuera de su intención decirnos donde está la verdad, precisamente porque no hay discurso verdadero, porque la acción de lucha puede tener un objetivo que destruir, pero sin saber qué vaya a salir después de la lucha, que presagia aunque no afirma indefinida, como vimos en el artículo “Poder-Cuerpo”, donde decía literalmente que “es preciso aceptar lo indefinido de la lucha… esto no quiere decir que no terminará un día” .
Foucault, en su curso del 7 de enero de 1976, rebate la visión economicista de la teoría del poder, que subyace a la concepción del poder político tanto liberal como marxista. Para Foucault el poder no es principalmente mantenimiento de relaciones económicas sino ante todo una relación de fuerza. El poder deber ser analizado en términos de lucha, de enfrentamiento, de guerra . El poder es la guerra continuada con otros medios, parafraseando la afirmación de Clausewitz acerca de la política, invirtiéndola.
La política, en definitiva, no afirma la paz civil, la política no suprime la guerra, pues el poder político perpetúa la relación de fuerza. El mecanismo de sometimiento persiste, la guerra persiste.
Insiste en que ni el análisis del poder bajo los conceptos de soberanía-contrato ni el del poder como lucha-represión son válidos. Si bien él manejó el segundo esquema, el de lucha-represión, confiesa que dicho análisis lo ha reconsiderado y que deber ser abandonado, pues la noción de represión es insuficiente para analizar los mecanismos y efectos del poder.
&9. Curso del 14 de enero de 1976.
En este curso Foucault abunda en la idea de que la teoría del derecho desde la Edad Media ha girado alrededor del problema de la soberanía, alrededor del poder real. Así, se ha enmascarado la dominación y sus consecuencias. El derecho ha formalizado relaciones que no son sólo de soberanía sino de dominación de múltiples sometimientos de los sujetos en sus relaciones recíprocas.
Así, al derecho hay que analizarlo no desde el lado de la soberanía y de la legitimidad que instaura sino desde el de los procedimientos de sometimiento que pone en marcha. Hay que analizarlo en los extremos, donde se vuelve capilar, local, más allá de mismas las reglas de derecho. Hay que analizarlo en las prácticas efectivas y directas, reales, que instrumentalizan a los sujetos que son su blanco, su objeto.
El poder debe ser analizado a través de su organización reticular, donde circula, y no como un poder dividido entre los individuos que lo detentan y los que lo soportan.
Continúa Foucault advirtiendo que el análisis del poder ha de ser ascendente. Hay que ver cómo los mecanismos de poder has sido desplazados por mecanismos más generales y formas de dominación global, ver cómo los mecanismos de exclusión de la locura o de la sexualidad infantil han sido generados en su entorno inmediato (en los agentes directos: familia, médicos, pedagogos…) y cómo, en una coyuntura precisa, se han vuelto económicamente ventajosos y políticamente útiles.
Se trata por tanto de ver cómo toda esa “microfísica del poder” (y aquí volvemos a afirmar la pertinencia del título bajo el que salieron esta colección de artículos y entrevistas que estamos analizando), esas técnicas de poder, esos instrumentos de exclusión (aparatos de vigilancia, medicalización de la sexualidad, de la locura, de la delincuencia), han terminado formando parte del conjunto burgués. Pues la burguesía no se interesa por lo locos, la sexualidad infantil o los delincuentes, sino por el sistema de poder que permite controlarlos.
Y por último Foucault nos advierte que esta producción de poder puede generar aparatos del saber (educación, democracia parlamentaria…) pero no construcciones ideológicas, puede formar métodos y técnicas de registro, pero no ideologías.
Sobre estas premisas desveladas por Foucault, concluye que la sociedad feudal se conformó bajo la teoría de la soberanía del poder, y que actualmente la teoría se apoya más sobre los cuerpos que sobre la economía; lo que no quiere decir, como dirá expresamente en el próximo artículo de este libro, que el poder ser independiente del proceso económico y las relaciones de producción .
La nueva mecánica del poder tiene que ver en cambio con el poder disciplinario, con la vigilancia, aunque ha pervivido la teoría de la soberanía como principio jurídico.
Las disciplinas tienen un discurso que no es el del derecho, sino el de la normalización: es la sociedad de normalización actual, que coloniza los procedimientos de la ley.
Cada día es más patente la incompatibilidad entre el sistema jurídico de la soberanía y el discurso de la normalización. Pero para objetar contra el poder disciplinario no sirve echar mano del viejo derecho de la soberanía, ni siquiera del de la represión. Estamos en un callejón sin salida.
&10. En la entrevista titulada “Las relaciones de poder penetran en los cuerpos” Foucault afirma el maridaje existente entre las tecnologías del poder en la sexualidad y en la locura, aprisionando la verdad de la locura en la psique sexual. Hace referencia al concepto de bio-poder (que más tarde retomará Agamben), en el sentido de que las relaciones de poder inundan el cuerpo del sujeto directamente, sin necesidad de pasar por su conciencia.
Y vuelve a las explicaciones ya antes apuntadas en torno a que el concepto de poder va más allá del tópico del poder soberano, incluso dice desconfiar de toda la temática de la representación política, que no sirve para descubrir las relaciones de poder, pues como ya sabemos el poder no se construye a partir de “voluntades”, ni individuales ni colectivas.
En cuanto a la sexualidad, aclara que no debe centrarse en el sexo, ni en sus prohibiciones y su rechazo, como en otro tiempo pensó, sino que debe centrarse en una economía positiva del cuerpo y del placer, donde se atienda a una economía general del placer que no se quede en la sexualidad normativizada.
En el psicoanálisis confluyen aquellas sexualidades normativizadas y disciplinadas.
&11. En “Poderes y estrategias” aborda la cuestión del Goulag soviético, y lo enmarca en el problema de su funcionamiento, en las estrategias en las que se integra, descubriendo ahí la cara del socialismo. El Goulag no es un mero error coyuntural que se opone al verdadero socialismo y que plasma un encierro como tantos otros.
El Goulag le sirve a Foucault para subrayar que siempre hay una plebe, que es anverso y límite del poder. Pero sin hacer de ello un canto a los derechos primitivos neoliberales ni a un neopopulismo, sino simplemente buscando esa plebe, que no existe, pero “de la cual hay” entre los individuos de toda clase, con irreductibilidades distintas.
Acaba el artículo resumiendo sus tesis principales sobre el poder, lo que bien podría ser el colofón a nuestro trabajo. Sin embargo, para no ser repetitivos, nos remitimos a su lectura, que coincidirá con las ideas que hemos expuesto a los largo de estas páginas. Así mismo, y al compás de la definición de su teoría como caja de herramientas, a la que ya hemos hecho referencia antes, por la que le preguntan de nuevo en esta entrevista, señala que no trata de construir un sistema, sino un instrumento para ver la lógica de las relaciones de poder sobre situaciones dadas.
&12. En la entrevista que lleva por encabezamiento “Verdad y poder” interesa subrayar que Foucault se desmarca de las afirmaciones que le tachan de fundar una teoría de la historia sobre la discontinuidad, y se cuida de no colocar al concepto de suceso a la altura que los estructuralistas (calificativo con el que Foucault se niega a ser definido ) colocaron el concepto de estructura.
Es más, dice expresamente que “no hay que referirse al gran modelo de la lengua y de los signos, sino al de la guerra y la batalla. […] Relación de poder, no relación de sentido. La historia no tiene “sentido”, lo que no quiere decir que sea absurda ni incoherente. Al contrario es inteligible y debe poder ser analizada hasta su más mínimo detalle: pero a partir de la inteligibilidad de las luchas, de las estrategias y de las tácticas”.
La mecánica del poder nunca ha sido analizada ni por la izquierda marxista (que se conforma con el aparato del Estado) ni por la derecha (que se queda en los términos jurídicos de soberanía). Vuelve a insistir en ideas que ya hemos visto, como la de que los conceptos de sujeto constituyente, ideología, verdad, o represión no son válidos.
Y recalca que el concepto de poder no es sólo represivo, sino también productor , de cosas, de placer, de saber, de discursos…
En cuanto al papel del intelectual de hoy, nos dice que ya no es el de ser cantor de la eternidad, sino estratega de la vida y de la muerte, ya no es un intelectual universal sino local y específico, técnico.
&13. A modo de conclusión metodológica a nivel antropológico, breve para no excedernos en exceso del límite al que se somete este trabajo, diremos que Foucault, bajo el pseudónimo de Maurice Florence, advierte que su trabajo se ha atenido a una primera regla metodológica: eludir los universales antropológicos; exactamente escribe: “contourner autant que faire se peut, pour les interroger dans leur constitution historique, les universaux anthropologiques (et bien entendu aussi ceux d’un humanisme qui ferait valoir les droits, les privilèges et la nature d’un être humain comme vérité immédiate et intemporelle du sujet)” .
Yo diría que todo individuo tiene poder y está rodeado por él, pero como dice Foucault el individuo no es el vis-a-vis del poder, sino uno de sus primeros efectos .
Quizá extrapolando la idea de poder foucaultiana a un sentido antropológico me atrevería a lanzar la hipótesis de que el poder sería casi el fundamento de la identidad humana, más incluso que su libertad o su razón, o precisamente por ellas, y esto es lo que hace que el humano, y acaso el chimpancé, sean los únicos seres que pueden hacer la guerra en el sentido de planeamiento, de aniquilación del otro, del enemigo, de manera sistemática. El poder es lo que convierte al hombre en hombre. El que lo define. El hombre es su efecto; el hombre no ha creado el poder, el fuego, sino que arde en él, al modo heraclitiano.

BIBLIOGRAFÍA

• CHOMSKY, Noam: La naturaleza humana: justicia versus poder, Buenos Aires, Katz, 2006.
• DIDIER, E., Michel Foucault y sus contemporáneos, Nueva Visión, Buenos Aires, 1995.
• FOUCAULT, M., Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1992.
• FOUCAULT, M, Tecnologías del yo y otros textos afines. Ediciones Paidós Ibércia, S.A. ICE de la UAM. Barcelona, 1990.
• FOUCAULT, M. Dits et écrits IV 1980-1988. Gallimard, 1994.
• FOUCALUT, M, Las Palabras y las cosas, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1968.
• HABERMAS, J, El discurso filosófico de la modernidad, Katz Editores, Buenos Aires, 2008.
• PASTOR MARTÍN, J y OVEJERO BERNAL, A. Michel Foucault, caja de herramientas contra la dominación. Ediciones de la Universidad de Oviedo. Oviedo. 2007.

Para una comprensión rápida y de conjunto de la obra de Foucault se puede navegar por la breve y estupenda introducción de Miguel Morey en:
FOUCAULT, M, Tecnologías del yo y otros textos afines. Ediciones Paidós Ibércia, S.A. ICE de la UAM. Barcelona, 1990, p.p. 9-44.

2 comentarios to “Microfísica del poder (Foucault)”

  1. Angel Reyes Santana said

    Gracias por esta labor de apoyo académico. No encuentro en México el libro La Genealogía del Poder, (compra), Quién lo vende ?

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