Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

DEINÓS

Posted by forseti4y9 en 22 marzo 2010

Castoriadis. El genial filósofo griego Castoriadis nos enseña que en la Antígona de Sófocles podemos comprender que “el hombre se ha enseñado a sí mismo las pasiones que instituyen las ciudades” . El hombre es más deinós que los dioses, porque aunque mortal y menos poderoso que estos, el hombre se crea. De ahí que sea deinós.

Sófocles, en este sentido, se contrapone a la antropogonía de Esquilo, donde hay un regalo de Prometeo al hombre: donación divina de tiempo, números y signos.

El hombre de la deinótes culmina y se autodestruye con la hybris, pero también podría, entretejiéndose con el ison phroneín, alcanzar la cima, entendiendo el discurso y las razones del otro.

Shakespeare. Shakespeare escribe acerca de la vida que es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada: it is a tale told by un idiot, full of sound and fury, signifiying nothing. Nos dice Castoriadis que es una metáfora del Macbeth en la que “estalla la nada que es todo”, es absoluta, algebraicamente cerrada. Desaparece la realidad externa al hombre. Y “la absurdez de la vida no queda suprimida si alguien vivo constata: la vida es absurda, sino que es reforzada pues, precisamente, si la vida es absurda, ¿de qué sirve saberlo? Este saber es él mismo absurdo, no significa verdaderamente nada” .

Castoriadis. Si creemos a Castoriadis, parece que pese a la muerte y a la doble naturaleza del hombre (que le hace caminar unas veces hacia el mal y otras hacia el bien), únicos límites de la deinótes, el hombre puede ser sublime en su ciudad entretejiendo las leyes (de su pueblo) y la justicia (de los dioses). No necesariamente el hombre acaba poseído por la hybris y debe salir de la comunidad política de los hombres (el resultado concreto no puede ser sino la muerte, la huida o el exilio) .

Nietzsche. Si renegamos de Castoriadis y seguimos a Nietzsche, quizá no haya más que la posibilidad de conectar con la hybris, con la arrogancia y violencia de quien está más allá del bien y del mal, como señala Vattimo . Según el Nietzsche de Genealogía de la moral, esta hybris es incluso la actitud que tenemos no sólo frente a la naturaleza, sino incluso frente a nosotros, sajándonos el alma en carne viva.

Balance. Así, grosso modo, dos alternativas, a) la de entender el hombre deinós como abocado a la hybris, al mónos phroneîn y a la àpolis; o b) la de entenderlo, aun siendo deinós, como serio aspirante a conjugar las leyes de su pueblo y la justicia de los dioses, el íson phroneîn, convirtiéndose en hypsípolis.

Tesis. En todo caso -y aquí va mi opinión- efectivamente, si la vida es absurda, si es un cuento contado por un idiota, ¿de qué nos sirve saberlo?. Habrá que hacer como que no lo sabemos, o al menos dejarlo de lado, y luchar por la hypsípolis, seguir buscando la justicia, aunque no sepamos bien qué es ni donde reside, pues si la vida (política) es absurda, absurda ha de ser su justicia.

Quizá si hacemos el recorrido inverso y confiamos primeramente en la justicia es que en último término confiamos en la vida. Idea que no me parece del todo descabellada, pues más demencial me parece confiar en la muerte, pues en la muerte no puede haber justicia ni injusticia, sino la nada.

El deinós griego no da pavor, no es un mero unheimliche heideggeriano. El deinós griego es terrible, peligroso, poderoso, sorprendente, admirable y extraño. Es diestro, sabio, maestro artesano, capaz de encontrar una solución, jamás desprovisto de medios.

No es metafísico, es rocero, agonista, político, ético.

La “terribilidad” del hombre es tal que comprende a todos; comprendidos todos los hombres, con nosotros mismos, en un tale told desprovisto de otro laberinto que aquel que nosotros queramos, si nos place, construirnos.

Para terminar, podemos elucubrar si acaso en la hypsípolis, en la tragedia griega que la posibilitaría, estaría el germen de lo que luego será un equilibrio en el control entre las diferentes formas de gobierno, tal como lo entendió Polibio, Maquiavelo o el propio Montesquieu.

Así, si en la tragedia griega (donde la naturaleza humana se hace patente, donde la historia es cíclica, se repite, como en la rueda de la fortuna maquiaveliana) es posible alcanzar la hypsípolis, también en el Estado o gobierno de la ciudad sería posible alcanzar la estabilidad, entendida esta como una armonía de contrarios al estilo heraclitiano, entendiendo la política como una historia pragmática maquiaveliana.

CASTORIADIS, C., Figuras de lo pensable, Ediciones Cátedra, Madrid, 1999, p. 42.

VATTIMO, G., Introducción a Nietzsche, Ediciones Península, Barcelona, 1987, p. 123.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: