Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

Heidegger y la verdad.

Posted by forseti4y9 en 3 agosto 2010

La verdad de Heidegger frente a la de Platón y Aristóteles. Aletheia. La aletheia viene sometida al yugo de la idea.

Extractamos, como en el post anterior, algunas frases e ideas, del estupendo manual de Eusebi Colomer, en concreto de la parte dedicada a Heidegger. Sólo entrecomillamos las frases que pertenecen a Heidegger. En concreto, páginas 561-567. El pensamiento alemán de Kant a Heidegger III. El postidealismo: Kierkegaard, Feuerbach, Marx, Nietzsche, Dilthey, Husserl, Scheler, Heidegger. Barcelona. Herder. 1990.

Platón habría sometido la verdad al yugo de la idea y de este modo habría desplazado el acento del sentido básico y originario que tiene de des-ocultamiento y des-cubrimiento a otro, complementario y derivado, que consiste en la corrección o rectitud del juicio.

Descubrimiento se dice en griego aletheia, palabra que suele traducirse por “verdad”. Y “verdad” significa para el pensamiento occidental, desde hace ya largísimo tiempo, concordancia de la representación pensante con la cosa: adequatio rei et intellectus.

Platón lleva a cabo un viraje que lleva de la verdad como desocultamiento y descubrimiento del ente a la verdad como rectitud y corrección del conocimiento.

En rigor, en el mito de la caverna, es la idea lo que se debe propiamente mirar. “Se concibe, pues, desde el comienzo y exclusivamente lo descubierto como lo percibido en la percepción de la idea, como lo conocido por el conocer. El noein y el nous (la percepción) quedan por vez primera en Platón esencialmente referidos a la “idea”. Enderezarse según tal dirección hacia ideas, determinará la esencia de la percepción y posteriormente la esencia de la razón”.

El símil de la caverna encierra, pues, la “doctrina” platónica de la verdad, porque se funda en un acontecimiento no explícitamente expresado: en el predominio de la idea sobre la aletheia. “La aletheia viene sometida al yugo de la idea. La esencia de la verdad se desprende del rasgo básico del descubrimiento.

“En cuanto descubrimiento la verdad es todavía rasgo fundamental del ente mismo. En cuanto rectitud de la mirada se hace distintivo del comportamiento humano hacia el ente”.

En conclusión: en la doctrina de Platón hay una inevitable ambigüedad que se refleja en el cambio, primero inexpresado y ahora a expresar, de la esencia de la verdad. La ambigüedad se pone de manifiesto en toda su fuerza en el hecho de que se trata y se habla de la aletheia, pero se mienta y se fija como norma rectora la orthotes, y todo esto dentro de un mismo proceso de pensamiento. La verdad es a la vez descubrimiento y rectitud, aunque el descubrimiento se subordina a la rectitud. Esta misma ambigüedad en la determinación de la esencia de la verdad se encuentra también en Aristóteles.

El juicio del entendimiento se convierte en el lugar de la verdad, de la falsedad y de su distinción. Un enunciado se llama verdadero, en la medida en que se ajusta a lo que la cosa es. Esta determinación de la esencia de la verdad no encierra ya referencia a la aletheia en el sentido de descubrimiento. Es más bien a la inversa: la aletheia se concibe como rectitud, como lo contrapuesto a lo falso, tomado en el sentido de incorrecto.

Esta determinación de la verdad como rectitud de la representación enunciativa dominará en adelante todo el pensamiento occidental. Cuando, en la época en que se inicia la consumación de la modernidad, Nietzsche defina la verdad “como esa clase de error sin el cual no podría vivir una determinada clase de vivientes”, no hará sino llevar al extremos las consecuencias que se deducen del viraje iniciado por Platón. En definitiva, Nietzsche no hubiera podido definir la verdad como error, si antes no se la hubiera definido como rectitud.

El pensamiento platónico tiene carácter metafísico y, por ende, teológico y humanista. “Desde que el ser se interpreta como idea el pensamiento dirigido hacia el ser del ente será metafísico y la metafísica teología. Teología significa aquí la interpretación de la causa del ente como dios y la transposición del ser a esta causa, la cual contiene en sí misma el ser y lo emite de sí misma, porque es lo más ente del ente”. Por otra parte esta explicación metafísica del ser enlaza necesariamente con la interpretación de la verdad como rectitud y con la orientación de la filosofía hacia la formación del hombre. Esta preocupación afanosa por el ser del hombre y por la posición del hombre en el seno del ente dominará en adelante la metafísica. Por eso, el comienzo de la metafísica en Platón es también el comienzo del humanismo.

Heidegger “destruye” el concepto clásico de verdad, mostrando que lo que hace posible la rectitud de un enunciado es el descubrimiento de un ente en su ser y, por ende, que la verdad predicativa u óntica se basa en una precedente verdad antepredicativa u ontológica.

“La veritas como adequatio rei (creandae) ad intellectum (divinum) garantiza la veritas como adequatio intellectus (humani) ad rem (creatum)”. El pensamiento moderno olvidó demasiado pronto ese trasfondo teológico de la noción tradicional de verdad y transformó el orden de la creación en el orden del mundo como ordenado por el espíritu. La vedad de la cosa consiste ahora en la adecuación a su concepto esencial, tal como lo concibe el espíritu. En cualquier caso, se da por supuesto y asentado que la verdad consiste siempre en la concordancia, ya sea de la cosa con su concepto esencial, ya sea, sobre todo, del enunciado con la cosa.

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