Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

La ciencia moderna. Occidente y China. Algún gallo pone huevos.

Posted by forseti4y9 en 26 noviembre 2010

La « ciencia moderna », esto es, la prueba sistemática de hipótesis matemáticas en el examen de los fenómenos naturales, tiene su exclusivo origen en Occidente. Pero eso no quiere decir que China no haya contribuido en nada en el extraordinario avance de la ciencia moderna tal como ha aparecido al final del Renacimiento europeo, ya que mientras la geometría euclidiana y la astronomía de Ptolomeo son de exclusivo origen griego, hay un tercer componente crucial del saber científico, el conocimiento de los fenómenos magnéticos, cuyos fundamentos están en China .
Analizando los puntos de fusión y los momentos en los que la ciencia moderna ha sobrepasado a la ciencia china, Needham propone una “ley de la génesis ecumenológica”: cuanto más dedicada a la vida es una ciencia, más complejos son los fenómenos en los que se interesa, y mayor es el intervalo entre el punto de adelantamiento de la ciencia europea respecto a la china y el punto de fusión .
Puntos de fusión:
• En física, la fusión de las matemáticas, de la astronomía y de la física de Occidente y Oriente se ha producido muy rápido, desde 1644.
• En botánica, el punto de fusión no ha tenido lugar más que aproximadamente en 1880, porque la misión jesuita del siglo XVII se preocupó bastante poco de los contactos en este ámbito.
• En medicina, la fusión no se ha producido todavía, quizás porque no estamos aún en condiciones de alcanzar el secreto de la vida .
Puntos de adelantamiento:
• En matemáticas, astronomía y física, el punto de adelantamiento coincide prácticamente con el punto de fusión.
• En botánica, se situaría en 1695, cuando Camerario hizo la primera descripción de la naturaleza de la flor, o en 1735 con la primera publicación de Lineo, o en 1780 con el trabajo de Adanson.
• En medicina, si se toma como criterio el éxito terapéutico mejor que la precisión del diagnóstico, la superioridad de la medicina occidental, según Needham, no ha sido efectiva antes de 1900 .
Needham trata de responder a la pregunta de por qué la ciencia moderna, como matematización de hipótesis relativas a la naturaleza, tiene una ascensión rápida sólo en Occidente, en la época de Galileo. Otra cuestión relacionada es por qué, entre el siglo II antes de Cristo y el siglo XVI de nuestra era, la cultura del Este asiático ha sido aplicada con mucha más eficacia que en Occidente al conocimiento humano de la naturaleza con fines prácticos.
La philosophia perennis de China es el materialismo orgánico: el pensamiento chino no ha desarrollado nunca una visión mecanicista del mundo, sino que es la perspectiva organicista, holística, según la cual cada fenómeno está ligado a todos los demás siguiendo un orden jerárquico, la que ha prevalecido entre los pensadores chinos.
Se puede resumir la evolución de China representándola por una curva que sube bastante lentamente, pero de forma clara, hacia un nivel más alto, algunas veces mucho más alto, que el que se alcanzó en Europa entre, digamos, los siglos II y XV. Pero, después del comienzo del Renacimiento científico en Occidente, con la revolución de Galileo (de la que puede casi decirse que fue el descubrimiento de la técnica científica en sí misma), la curva de la ciencia y la tecnología en Europa comienza a elevarse de manera brusca, casi exponencial. La ruptura del equilibrio comienza a corregirse en nuestros días.
Según Needham, el estudio del fracaso de la sociedad china para desarrollar una ciencia moderna debería comenzar por explicar el porqué no ha conocido el desarrollo del capitalismo mercantil, y luego el del capitalismo industrial.
En Europa, es imposible comprender, como un todo orgánico, el Renacimiento sin la Reforma, la Reforma de manera independiente del desarrollo de la ciencia moderna, y el uno y la otra no podrían comprenderse fuera de la ascensión del capitalismo, de la sociedad capitalista, así como del declive y la desaparición del feudalismo.
En todo caso, según Nedham : « si hubieran sido posibles en la sociedad china similares cambios económicos y sociales parecidos a los de Europa, entonces una forma de ciencia moderna habría aparecido” , y si hubiera sido así, se hubiera tratado desde el principio en una forma orgánica y no mecanicista.
Needham no está de acuerdo con los que piensan (Crombie, Einstein) que son los griegos los que han inventado la ciencia de la naturaleza tal como la conocemos, o que la ciencia proviene de la herencia de la filosofía griega.
Razones :
• Por importante que sea el significado de la geometría deductiva, su campo de aplicación nunca ha agotado el poder de las matemáticas.
• La aplicación de la geometría euclidiana a la astronomía en el sistema de Ptolomeo no fue un éxito en todos sus puntos (representaba una cosmología incomparablemente más ingenua y más limitada que los espacios infinitos y vacios de la escuela china Hun-tian, o de los filósofos budistas relativistas).
• Las definiciones de la ciencia desarrolladas en esta discusión son demasiado estrechas: no todo es la mecánica y la geometría deductiva griega. La ciencia comporta numerosos aspectos que no dependen de la teoría geométrica.
Esto está en relación con el pensamiento chino del Tao y del Li. El orden de la naturaleza dentro de un pensamiento orgánico e impersonal: los chinos no consideran las leyes como emanaciones de un legislador divino, pero los griegos tampoco lo hicieron: la concepción acabada de “leyes de naturaleza” no adquirió su estatus definitivo más que en el Renacimiento.
Esto es, podemos resumir que el Li está en relación con el Dao, no con la noción de verdad; además, el Li está en relación con la búsqueda de sentido, no con la búsqueda de la verdad.
La emergencia del sentido tiene lugar, como lo hace notar Léon Vandermeersch, a partir de una estructura en red más que en una concatenación lineal :
Para una mentalidad como la china, en la cual el principio de orden de las cosas tiene el papel de una categoría fundamental, las nociones de causa y efecto, que conducen a la idea de relaciones unilaterales, segmentarias y pobres en referencias totalizantes, parecen mucho menos pertinentes que las de disposición y organización, las cuales, puestas en funcionamiento en innumerables disposiciones orientadas y en clasificaciones jerárquicas, se superponen y coinciden de múltiples maneras, dando lugar a series sin duda mucho menos coherentes, pero que representan para regocijo de la inteligencia la idea superior de que todas responden a una idéntica estructura reveladora de la unidad ordenada del universo. A través de estas correspondencias inagotables, los fenómenos no aparecen de manera fácil ya cada uno en particular como la consecuencia de sus antecedentes, sino al contrario, sin dificultad, todos como signos los unos de los otros.
No se puede negar la pertenencia de la ciencia china a la ciencia universal, tanto en lo que concierne a la biología y a la química como a la astronomía y a la física. Son fuertes en conocimiento clasificatorio, en aparatos como la invención de la relojería, en la observación y el estudio de las manchas solares, y en le precisión den la observación.
El pensamiento asiático para la génesis histórica directa de la ciencia nos ha legado (frente a la geometría deductiva euclidiana y la astronomía ptolemaica griegas): el álgebra y técnicas fundamentales de numeración y de cálculo; el magnetismo; y la adopción de las coordenadas ecuatoriales. Como refuerzos posteriores: La concepción china de un espacio vacío e infinito, el sismógrafo.
En cuanto a tecnología: Los arreos para el caballo, la tecnología del hierro y el acero, la pólvora de cañón, el papel, el reloj mecánico y la puesta a punto de instrumentos de base como la correa de transmisión, la transmisión por cadena, o el procedimiento corriente de transformación de un movimiento rotativo en rectilíneo; o el engranaje diferencial más tarde, por ejemplo.
La conclusión que nos da Needham es que en el pensamiento chino no se encuentra una representación clara de la idea de ley, en el sentido que este término tiene en las ciencias de la naturaleza.
En cualquier caso, a pesar de de tantos siglos de considerar un lugar común teológico de la civilización europea, solo fue en los siglos XVI y XVII cuando esta concepción de leyes de naturaleza tomó una importancia decisiva.
En resumen, la idea de leyes de la naturaleza no se ha desarrollado a partir de las concepciones chinas de la ley, en general por las siguientes razones:
• Repugnancia por la ley formulada con precisión.
• Las antiguas concepciones de li resultaron más adecuadas que las otras para la forma específica de la sociedad china.
• El rechazo de la idea de un Ser Supremo, el rechazo de la idea de creación.
La afirmación según la cual no hay un Cielo que ordene a los procesos de la naturaleza seguir su curso regular, está en relación con la idea fundamental del pensamiento chino que es el wu-wei: la no acción, o acción espontánea. Al contrario, la legislación de un legislador celeste sería wei: el hecho de forzar las cosas a obedecer bajo la amenaza de sanción.
En todo caso, la ciencia moderna y la filosofía del organismo han vuelto a esta sabiduría de que hay un orden cósmico.
Un ejemplo de la diferencia de mentalidad entre China y Europa, en lo que concierne a la naturaleza y la ley: En la Edad Media, en Europa, hubo abundantes procesos y diligencias judiciales de animales. Se los puede dividir en tres categorías: a) el proceso y ejecución de animales domésticos que han atacado a seres humanos; b) la excomunión o más bien el anatema, de las pestes y las plagas, provocadas por pájaros o insectos; c) la condena de lusus naturae -monstruosidades de la naturaleza- por ejemplo los gallos que ponían huevos.
En concreto, para que el caso sea más ilustrativo: en 1474 un gallo fue condenado a ser quemado vivo por el “crimen atroz y contra natura” de haber puesto un huevo en Bâle; hubo un proceso del mismo género en Suiza en 1730.
Se creía que el huevo del gallo era resultado del ungüento de las brujas y que el basilisco, un animal particularmente venenoso, lo incubaba.
Y lo que Needham quiere hacer ver es que esos procesos habrían sido totalmente imposibles en China. En efecto, los chinos no eran tan presuntuosos como para creerse capaces de tener, con leyes dadas por Dios a las cosas no humanas, un conocimiento suficiente para que pudieran acusar a un animal sospechoso de haber infringido esas leyes.
La reacción –inversa- de los chinos habría sido sin duda tratar esos fenómenos como quian gao (sanciones venidas del Cielo), y es la posición del emperador o del gobernador de la provincia la que habría peligrado, no la del gallo.
Es en el momento en el que la ciencia moderna ha dejado de lado por completo la hipótesis de Dios como fundamento de las leyes de la naturaleza (desde la época de Laplace), cuando la ciencia moderna ha vuelto, en cierto sentido, a la visión taoísta. Es lo que explica la extraña modernidad de tantos escritos de esta gran escuela. Pero desde el punto de vista histórico, queda la cuestión de saber si la ciencia de la naturaleza hubiera podido alcanzar su actual estado de desarrollo sin pasar por un etapa teológica.
Quizá esta etapa del espíritu que hacía que un gallo poniendo un huevo debiera ser perseguido por la ley era algo necesario en la cultura para que fuera, más tarde, susceptible de producir un Kepler.
En sus conclusiones, Ronan remarca el compromiso del Estado en la ciencia. En China, los estudios tenían una envergadura mucho mayor, eran menos esporádicos, y las ideas tenían muchas más posibilidades de ser llevadas a la práctica, en comparación con los trabajos relativamente aislados de los hombres de ciencia del Medioevo cristiano.
Sin embargo, no hubo « revolución científica” en China. Según Ronan, no se puede dar una razón categórica para ello, pero quizá esté en relación en parte con esa misma estrecha asociación entre ciencia y burocracia de Estado: en China, no se aspiraba a romper el molde de las ortodoxias del lugar, voluntad que inspiró a los hombres como Galileo.
Bibliografia:
J.NEEDHAM, Dialogue des civilisations Chine-Occident, pour une histoire œcuménique des sciences, La Découverte, 1991
J. NEEDHAM, La science chinoise et l’occident, Seuil, Point Sciences, 1977
ANNE CHENG, “LI, ou la leçon des choses”, Philosophie numéro 44, Paris, Les Editions de Minuit, 1994
C. RONAN, Histoire mondiale des Sciences, Seuil, 1988

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