Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

EL PENSAMIENTO EN EL TRACTATUS (WITTGENSTEIN)

Posted by forseti4y9 en 9 diciembre 2010

Este es el ensayo que presenté a FILOSOFÍA DEL LENGUAJE.

Si un signo no es necesario carece de significado. Este es el sentido del principio de Ockam.

(Si todo funciona como si un signo tuviese un significado, entonces tiene un significado).

Wittgenstein. § 3.328 Tractatus

 

INDICE.

I. Introducción.

II. Los límites del lenguaje: pensamiento vs. límites al pensamiento.

III. El pensamiento como figura lógica de los hechos.

IV. Aproximaciones concretas y conclusiones.

V. Epílogo.

 

I. Introducción.

 

En el presente trabajo, analizaremos el lugar que ocupa el “pensamiento” en el Tractatus como figura lógica de los hechos, a partir de la comprobación de que hay “límites del pensamiento”, y acabaremos por exponer algunas aproximaciones más concretas acerca de qué se entiende por pensamiento en el Tractatus.

 

Quizá la mejor manera de introducir este ensayo sea recordando lo que para Reguera[1] es la gran conclusión del Tractatus: “guardar en adelante silencio sobre aquello de lo que no se puede hablar”.

 

Como le escribe el propio Wittgenstein a Engelmann: “No se pierde nada por no intentar siquiera expresar lo inexpresable. Lo inexpresable está –inexplicablemente- contenido en lo expresado”.

 

Y Reguera acaba preguntándose si acaso el que ciertas cosas no puedan ser más que mostradas no es la mayor gloria de lo trascendente.

 

En este sentido, como teoría epistemológica, el Tractatus abocaría al escepticismo, o más bien demostraría que el escepticismo es absurdo.

 

§ 6.51 Tractatus: “De ambas cosas, el silencio y del escepticismo, vamos a hablar un poco, de un silencio que no es escéptico y del sinsentido del escepticismo”.

 

Pero quizá hayamos empezado con demasiada energía. Vayamos poco a poco. Para enmarcar el Tractatus en la historia de la filosofía, recordemos, siguiendo a Alegre[2], que se inscribe dentro del paradigma lingüístico, frente al paradigma de la conciencia de la modernidad, y que en él la correlación entre pensamiento y lenguaje es una configuración lógica, y entre lenguaje y mundo es una configuración pictórica del lenguaje. Y que si bien en el Tractatus todavía tiene peso el pensamiento identitario y esencialista de la realidad y del lenguaje, también en él cabe ya la tesis de la inefabilidad de los límites de mi mundo.

 

En suma, en el Tractatus el lenguaje no es solo medio de expresión del pensamiento, sino una condición de constitución de este. La estructura del mundo nos es dada por el lenguaje.

 

El Tractatus propone un atomismo metafísico, busca la esencia ideal de la proposición y el lenguaje, siendo que las proposiciones son pinturas lógicas de la realidad.

 

II. Los límites del lenguaje: pensamiento vs. límites al pensamiento.

 

“Este libro quiere, pues, trazar unos límites al pensamiento, o mejor, no al pensamiento, sino a la expresión de los pensamientos; porque para trazar un límite al pensamiento tendríamos que ser capaces de pensar ambos lados de este límite, y tendríamos por consiguiente que ser capaces de pensar lo que no se puede pensar. Este límite, por lo tanto, sólo puede ser trazado en el lenguaje y todo cuanto quede al otro lado del límite será simplemente un sinsentido”[3].

 

El pensamiento se identifica con el lenguaje, pensar se identifica con decir (que no con mostrar, pues esto es ya terreno de lo indecible).

 

“En el Tractatus se persigue declaradamente un fin concreto: limitar el pensamiento y su expresión, es decir, el lenguaje; o lo que es lo mismo, delimitar lo que puede ser dicho, de aquello que no puede ser sino mostrado. El instrumento para ello será el análisis lógico del lenguaje”[4].

 

“La dilucidación sobre lo que se puede pensar se convierte así en una investigación acerca de lo que se puede decir. El análisis del lenguaje –de la lógica del lenguaje- es, pues, la única vía de acceso al pensamiento: una vez esclarecida la naturaleza del lenguaje, ésta reflejará automáticamente la del pensamiento y, de rechazo, la de la realidad”[5].

 

Así, indirectamente, el Tractatus es también una reflexión sobre la realidad, sobre el ser.

 

Es más, para Santa María, incluso la concepción del yo viene determinada por esa compresión del lenguaje.

 

Si apenas se utiliza el término “pensamiento” en el Tractatus, esto no es tan extraño si tenemos en cuenta la estrecha relación entre pensamiento y lenguaje: “de modo que la investigación sobre el pensamiento pueda ser sustituida por el estudio de la proposición y que éste sea al mismo tiempo una teoría del pensamiento”[6].

 

García Suárez sí señala en este sentido lo chocante de que las nociones de pensamiento y de pensar aparezcan sólo fugazmente en el Tractatus si se las compara con las de nombre y proposición[7].

 

En un mundo sin pensamiento el lenguaje sería la expresión de nada: el pensamiento es la condición de posibilidad y el elemento constitutivo del lenguaje.

 

Y al contrario, la proposición “contamina” al pensamiento: el pensamiento debe quedar circunscrito al ámbito de los hechos, y el dominio de lo pensable se reduce al de los hechos lógicamente posibles.

 

En este sentido, paradójicamente, cuando Wittgenstein analiza los límites del lenguaje, que son los límites del pensamiento, está concediéndole un sentido ético al Tractatus, como le escribe a Ficker. En el Tractatus lo ético quedaría limitado por dentro, única manera de hacer dicha limitación, según el propio Wittgenstein[8].

 

III. El pensamiento como figura lógica de los hechos.

 

§ 3 Tractatus: “La figura lógica de los hechos es un pensamiento”.

 

En el pensamiento, la forma de la figuración se reduce a la lógica.

 

“El mundo es lenguaje (pensamiento); en él, nuestro criterio de certeza y de evidencia, la seguridad de nuestros juicios, la proporciona el mismo lenguaje por su estructura lógica”[9].

 

La forma de expresión por excelencia del pensamiento es el lenguaje verbal, porque en él la proposición es susceptible de ser negada.

 

Y es que el lenguaje no sólo expresa un pensamiento, sino que también puede disfrazarlo (§ 4.002), porque el lenguaje ordinario no puede reflejar una perfecta correspondencia entre proposición y pensamiento; en un lenguaje ideal, no habría disfraz posible, pues “al coincidir los límites del pensamiento y los del lenguaje, aquello que no puede ser expresado –figurado- no es un pensamiento”[10].

 

El pensamiento es un utillaje mental, es la figura lógica de los hechos; la proposición es un utillaje lingüístico, la manifestación perceptible del pensamiento[11].

 

En este sentido, el Tractatus elude toda consideración del pensamiento desde el punto de vista psicológico: “… Pero un Gedanke es una Tatsache: ¿cuáles son sus constituyentes y componentes, y cuál es su relación con los de la Tatsache representada?  No sé cuales con los constituyentes de un pensamiento, pero sé que debe tener tales constituyentes que correspondan a las palabras del lenguaje. Además, el tipo de relación de los constituyentes del pensamiento y del hecho representado es irrelevante. El descubrirlo sería un problema de psicología”[12].

 

En palabras de Santa María, esto supone negar que haya un pensamiento reflejo: el pensamiento es, como la proposición, un hecho que figura pero que no puede ser a su vez figurado (no puede pensar nada acerca de sí mismo ni acerca de otro pensamiento), y esto es congruente con la negación de todo metalenguaje.

 

En definitiva, “proposición y pensamiento serían de este modo las dos caras, material e inmaterial respectivamente, de un mismo retrato lógico”[13].

 

§ 3.1 Tractatus: “En la proposición, el pensamiento se expresa perceptiblemente por los sentidos”.

 

Precisamente, lo que convierte al signo proposicional en proposición es el pensamiento.

 

El pensamiento es el que da “vida” al signo proposicional.

 

§ 3.2 Tractatus: “En las proposiciones, el pensamiento puede expresarse de modo que a los objetos del pensamiento correspondan los elementos del signo proposicional”.

 

Como señala Reguero, esto es algo que viene exigido por el carácter de hecho tanto de la figura como de la proposición. “En ello se muestra precisamente la identidad de estructura entre lenguaje y pensamiento. Ahora bien, si los elementos del signo proposicional son los nombres, ¿cuáles son los elementos del pensamiento?”[14]. Y se responde que esos elementos son los mismos que los del lenguaje y los de la realidad. Que para un atomista lógico no tiene sentido analizar cuáles son o qué son, pues eso queda para la psicología, y no es algo que Wittgenstein haya entrado a analizar.

 

En la isomomorfia entre conocimiento y mundo, hay quien ha atisbado incluso cierto estructuralismo, como nos trasmite Reguero[15]: “lenguaje, pensamiento y realidad se corresponden en una especie de circumsesión estructural, significantes y verdaderos independientemente de un sujeto que los conjuntaza desde el exterior. Si hay que designar un árbitro, sería la realidad fáctica (piénsese en Lévi-Strauss). Si no se rechaza absolutamente la subjetividad, se la expulsa, al menos, del mundo (piénsese en S. M. Foucault)”.

 

§ 4 Tractatus: “El pensamiento es la proposición con significado”.

 

De hecho, según la tesis de Favrholdt[16], en un primer momento (incluso en los Notebooks no aparecen casi referencias al pensamiento) Wittgenstein no hace apenas alusión al pensamiento, pero luego se habría dado cuenta de que no se puede explicar el sentido de la proposición al margen del pensamiento, y el pensamiento y su conexión con la proposición acabarían por aparecer en dos de las siete tesis centrales del Tractatus.

 

§ 3.12 Tractatus: “Llamo signo proposicional el signo mediante el cual expresamos el pensamiento. Y la proposición es el signo proposicional en su relación proyectiva con el mundo”.

 

Esa vivificación que hace el pensamiento sucede cual proyección geométrica.

 

La función del pensamiento sería como la de la luz que atraviesa la película filmada y la convierte en imágenes que representan situaciones reales. Proporciona una regla de traducción de la proposición al hecho y viceversa[17].

 

En definitiva, los rasgos aplicables a la proposición son también aplicables al pensamiento: a) es un complejo, constituido por componentes simples; b) no puede haber pensamientos verdaderos a priori (no hay pensamientos reflejos); c) el pensamiento, como el lenguaje, configura en sus límites el espacio lógico (lo ilógico es impensable e inexpresable).

 

Subrayemos pues que el pensamiento del Tractatus elude toda consideración psicológica.

 

§ 4.1121 Tractatus: “La psicología no es más afín a la filosofía que cualquier otra ciencia natural. La teoría del conocimiento es la psicología de la filosofía. ¿No corresponde mi estudio del signo-lenguaje al estudio del proceso mental que los filósofos sostenían que era esencial a la filosofía de la lógica? Sólo así se han perdido los más en investigaciones psicológicas no esenciales. E incluso mi método corre análogo peligro”.

 

A modo de conclusión, con Reguero[18]: con la teoría del Tractatus, con el paralelismo insalvable entre el mundo y el pensamiento, que hace imposible el acceso a una realidad que no sea la pensada, se excluye cualquier tipo de intermediarios (metafísicos) entre pensamiento y realidad, que la filosofía tradicional discutiera hasta la saciedad. Aquí no es problema de intencionalidad, puesto que el pensamiento, como figura que es, es hecho igual que el mundo es hecho. De ahí que el conocimiento pueda explicarse no en términos de relación sujeto-objeto, sino en términos de relaciones fácticas de carácter puramente lógico.

 

No obstante, si bien ya ha quedado dicho que el Tractatus rechaza intentar expresar mediante proposiciones la conexión entre una proposición y el hecho que aquélla representa, lo que sí hace el Tractatus es analizar las denominadas “proposiciones psicológicas”, que expresan la actitud de un sujeto hacia el retrato lógico de un hecho, para concluir Wittgenstein (contra Russell) que lo que en ellas se conecta no es un objeto con un hecho sino dos hechos entre sí. Y esto es lógico, valga la redundancia, teniendo en cuenta la teoría lógica del Tractatus vista en su conjunto: la figura, lo representación, debe tener la misma multiplicidad lógica de lo representado. “Por consiguiente, y dado que p, en cuanto proposición, es un complejo, el A que piensa, juzga, cree o dice p debe ser también un complejo. Y como tal no podrá ser un objeto, ya que los objetos en el Tractatus son simples, sino que deberá ser un hecho. En consecuencia, la forma de ‘A piensa p’, etc., es la misma que la de ‘p dice p’, a saber, la relación entre un hecho representante y otro representado”.

 

§ 5.542 Tractatus: “ Pero está claro que “A cree que p”, “A piensa p”, “A dice p” son de la forma “’p dice p”: y aquí no se trata de una coordinación de un hecho y un objeto, sino de la coordinación de hechos mediante la coordinación de sus objetos.”

 

Que en las proposiciones psicológicas haya una coordinación de hechos, las asemeja a las funciones veritativas, pero siguen difiriendo de aquéllas, pues su valor de verdad, así como el de la proposición ‘p dice p’ a las que se las ha asimilado, sigue siendo independiente del valor de verdad de p[19].

 

A este respecto de las proposiciones psicológicas, tal como señala Santa María, nos parece más adecuada la interpretación de Kenny (frente a la de Anscombe): ‘p dice p’ es un intento de decir lo que sólo se puede mostrar y, por tanto, un sinsentido. Así, las proposiciones psicológicas no son válidas, no se pueden conectar los aspectos psicológicos y epistemológicos del pensamiento. Estas proposiciones deben ser eliminadas del lenguaje del Tractatus.

 

Wittgenstein: “la correspondencia de dos complejos es evidentemente interna y por ello no puede ser expresada sino sólo mostrada”[20].

 

En este mismo sentido, Reguera, señala que “el análisis que se hace en el Tractatus de las estructuras lógicas del lenguaje es un estudio de las estructuras lógicas del pensamiento, es decir, de los procesos de la subjetividad cognoscitiva y descriptiva, y paralelamente, el mismo de las estructuras describibles del objeto y del mundo […] epistemológicamente concluirá en la disolución del sujeto empírico entre los significados y hechos del mundo, y, por tanto, en la ausencia de toda intencionalidad y mediación cognoscitivas a este nivel”[21].

 

Así, podía hablarse de una trascendentalidad lógica en la que hay identidad de estructura interna entre realidad y lenguaje, entre objeto y sujeto.

 

Esto es, no hay intencionalidad cognoscitiva, psicológicamente, por inmediatez suprema de sujeto y objeto de conocimiento. No se plantea la cuestión de las especies cognoscitivas, ni de los modos lingüísticos caracterizantes de situaciones psicológicas[22].

 

IV. Aproximaciones concretas y conclusiones.

 

García Suárez hace una investigación minuciosa acerca de qué es pensamiento en el Tractatus, lo que es el motivo central de este ensayo.

 

Nos interesa ahora exponer tan sólo algunos de los aspectos que ya hemos comentado en lo que ya llevamos de trabajo, entresacando algunas de sus mejores intuiciones, para enmarcarlas en la visión antes expuesta.

 

Este autor entiende como fundamental la respuesta que Wittgenstein dio a la pregunta de Russell de si un pensamiento se compone de palabras: “¡No! Sino de constituyentes psíquicos que tienen el mismo tipo de relación con la realidad que las palabras. Qué son esos constituyentes yo no lo sé”[23].

 

Al hilo de esta, indaga sobre aquellas teorías que interpretan que la relación del pensamiento con la realidad es una relación intrínseca o interna.

 

Analizando qué es el pensamiento en la metáfora de la proyección, y en concreto a propósito del § 3.1 del Tractatus (“En la proposición, el pensamiento se expresa perceptiblemente por los sentidos”), que ya hemos comentado anteriormente, García no está de acuerdo en interpretar que es el signo proposicional el que expresa un pensamiento, cuando este le confiere “vida”, sino que insiste que lo que Witgensetein escribe es “proposición” (Satz), no “signo proposicional” (Satzzeichen).

 

Para García, lo correcto es explicar que la proposición no contiene su sentido, no contiene la situación posible que representa, lo que sí que contiene es la posibilidad de lo proyectado, a causa de su forma de figuración.

 

Y explicita que la proposición con sentido es el signo proposicional más el método de proyección.

 

A este respecto, no veo que este pequeño detalle sea merecedor de gran disputa, pues la concepción de Wittgenstein al respecto del método de proyección es bastante diáfana, como ya la hemos explicado, y concuerda en lo fundamental en los diferentes autores.

 

En segundo lugar, García Suárez analiza las relaciones que se dan entre los planos de la realidad extralingüística, del lenguaje y de la mente, entre los objetos simples, los nombres y los consituyentes psíquicos.

 

Así, señala que los partidarios de una interpretación mentalista del Tractatus le atribuyen a los pensamientos una intencionalidad intrínseca. En esta tesis, el pensamiento sería “la interpretación última”: nuestros pensamientos e imágenes mentales no necesitarían interpretación, pues serían “luminiscentes”[24].

 

Frente a estos, la tesis por la que aboga es la de que un pensamiento incluye su propia relación figurativa.

 

§ 3.02 Tractatus: “El pensamiento contiene la posibilidad del estado de cosas que piensa. Lo que es pensable también es posible”.

 

Así, un pensamiento no sólo es estructuralmente idéntico a la situación que representa, sino que contiene además la proyección de su estructura sobre la situación que es su sentido.

 

Esta interpretación es congruente con la que hemos hecho acerca de la naturaleza de esa relación proyectiva que analizamos en el § 3.12. Concluye García Suárez: “De esta manera, en contraste con el mero signo proposicional, que en sí mismo puede significar cualquier estado de cosas o nada, el pensamiento, al igual que la proposición-imagen russelliana, es un locus de significación; contiene en sí mismo el método de proyección y, por ello, está exento de interpretación y, por lo tanto, de la posibilidad de malinterpretación”[25].

 

Pero García ve en esto un problema: quien afirma que el lenguaje hereda la intencionalidad del pensamiento y, cuando se le inquiere por una explicación de esta última, apela a su carácter intrínseco, parece que está disfrazando la cuestión original en forma de respuesta[26].

 

Siguiendo a García, vemos que Summerfield respondería a esta objeción que la intencionalidad de los pensamientos no es intrínseca, pues en Wittgenstein un hecho representa algo distinto de él mismo sólo en virtud de ser una figura lógica de un pensamiento posible. Así, no se trata de hacer una interpretación mentalista del Tractatus.

 

En el Tractatus no habría prioridad del pensamiento sobre el lenguaje ni viceversa. La intencionalidad de ambos se explicaría del mismo modo: apelando al hecho de que tanto pensamientos como proposiciones son figuras lógicas de situaciones posibles. El papel que desempeña el lenguaje del pensamiento no puede ser, entonces, el de ser el depositario de una intencionalidad primitiva que los signos proposicionales heredarían al ser traducidos a oraciones de esa lengua mentis[27].

 

A la tesis de Summerfield, García objeta que no está claro porqué Wittgenstein tendría necesidad de postular un lenguaje del pensamiento.

 

La conclusión de García, siguiendo a Prades y Sanfélix, coincide con la que hemos expuesto ya en este trabajo. La relación figurativa (establecida por el acto de pensar el método de proyección) es un asunto irrelevante desde un punto de vista lógico-filosófico para el Wittgenstein del Tractatus. “Le competiría a la psicología, no a la filosofía del lenguaje, averiguar la índole de esa relación”[28]. Y eso pese a que el propio Wittgenstein diga, en la carta a Russell, que los constituyentes psíquicos tienen “el mismo tipo de relación con la realidad que las palabras”.

 

Lo que aseguraría de facto la relación figurativa sería, para García, siguiendo a Prades y Sanfélix, el pensamiento como actividad, no como hecho psíquico.

Pero queda por elucidar quien realiza esa actividad.

 

En este punto, Kenny, y Prades y Sanfélix, echan mano del sujeto trascendental. Anscombe, en cambio, postula un sujeto empírico: en el § 5.4733 somos nosotros los responsables de no haberle dado significado a los componentes de la proposición.

 

Acaba García Suárez por alinearse más con Anscombe, frente a la tesis de Kenny, precisamente a causa de que Wittgenstein establezca esa especie de “división del trabajo lingüístico· entre el lógico y el psicólogo (donde al lógico le concierne sólo el que exista y no cómo se establezca la relación figurativa). Somos nosotros los que nos hacemos figuras de los hechos, y sin el pensamiento no tenemos figuras sino simples signos proposicionales sin vida.

 

Como ya apuntamos en su momento, Reguera y Santa María están con la tesis de Kenny, a la que también me sumo, pues la veo más coherente con el hecho de entender al pensamiento como la figura lógica de los hechos, y no comparto que las objeciones puntillosas de García a este respecto tengan mucho sustento.

 

 

Cerezo[29] por su parte comienza destacando que la tesis de que el pensamiento no es un tipo de figura sino que subyace a toda figuración (el pensamiento es una de las dimensiones que da cuenta de toda figuración, junto con el signo proposicional y la proposición),  puede ser entendida en dos sentidos.

 

En un sentido débil, los pensamientos serían hechos psicológicos, a los que corresponde intrínsecamente figurar (se trata de aquellos autores que hemos visto ya que defienden la naturaleza intrínseca de la intencionalidad del pensamiento), y en virtud de cuya figuración otros hechos, los hechos lingüísticos, son capaces de figurar. Así, habría dos hechos figurantes, el psicológico y el lingüístico.

 

En un sentido fuerte, que el pensamiento subyace a toda figuración quiere decir que hay una sola figuración, en la que se articulan las distintas dimensiones, y por tanto hay un solo hecho figurante (el signo proposicional) que es figura en virtud de una serie de circunstancias entre las cuales se encuentra el papel del pensamiento.

 

Cerezo se adscribe a la tesis en sentido fuerte, pese a reconocer que la correspondencia con Russell puede prima facie hacer dudosa esta interpretación, pues de una lectura atenta se colegiría que Wittgenstein no defiende una lectura débil de la figuración; y pese a reconocer que hay un posible problema con la tensión que surge de la combinación de la teoría de la figuración con la teoría de las funciones de verdad (lo que ella llama el problema de las tautologías).

 

Dejando de lado el tema de la correspondencia con Russell, que ya hemos analizado, podemos fijar nuestra atención en el problema de las tautologías.

 

Wittgenstein defiende en el Tractatus que las tautologías y contradicciones son proposiciones (§4.46) y que las proposiciones son figuras (§4.01). Así, ¡las tautologías y las contradicciones serían figuras!, pero si el pensamiento es la proposición con sentido ¿las tautologías y las contradicciones no son pensamientos?.

 

¿Se cumple en las tautologías y en las contradicciones la teoría de la figuración (la articulación entre signo proposicional, proposición y pensamiento que tiene lugar por medio de la proyección de los hechos figurantes sobre los hechos figurados)?.

 

En este sentido, Cerezo señala las posturas de diversos autores. Por ejemplo, Kenny defiende que las tautologías y contradicciones no son proposiciones en sentido estricto, puesto que las proposiciones son figuras y tienen sentido, y las tautología y contradicciones no.

 

Hay una tensión entre la idea de proposición como figura de la realidad (y la correspondiente idea de estructura proposicional) y la de proposición como función de verdad, y la tensión se manifiesta en que no hay correspondencia entre las proposiciones en uno y otro sentido[30].

 

Efectivamente, comparto la idea expresada por Cerezo en su artículo de que la noción de pensamiento en el Tractatus como figura lógica, dentro del marco de su teoría de la figuración, no ofrece problemas conceptuales, y que los problemas interpretativos pueden venir del lado de cómo analizar esa correspondencia con Russell o del lado de esos signos proposicionales o proposiciones que no son pensamientos, cuando la teoría de la figuración entra en contacto con la teoría de las funciones de verdad.

 

Siendo que las interpretaciones son variadas, la de Kenny, a la que se ha hecho referencia indirecta en este ensayo, me parece la más coherente.

 

Las recordamos:

 

  1. Las proposiciones psicológicas no son válidas, no se pueden conectar los aspectos psicológicos y epistemológicos del pensamiento. Estas proposiciones deben ser eliminadas del lenguaje del Tractatus.

 

  1. Las tautologías y contradicciones no son proposiciones en sentido estricto, puesto que las proposiciones son figuras y tienen sentido, y las tautologías y contradicciones no.

 

  1. Con Kenny, también Reguera, está por la disolución del sujeto empírico entre los significados y hechos del mundo, y, por tanto, en la ausencia de toda intencionalidad y mediación cognoscitivas; hay una trascendentalidad lógica en la que hay identidad de estructura interna entre realidad y lenguaje, entre objeto y sujeto.

 

 

 

 

V. Epílogo:

 

Mi conclusión acerca de qué entiende Wittgesntein por “pensamiento” en el Tractatus se enfrenta inevitablemente con los límites del propio pensamiento. Así, la conclusión de este ensayo se acerca, como la del filósofo austriaco, a lo no pensable, a lo no inefable. Si el “pensamiento” viene marcado por la figura lógica de los hechos, nada hay que pensar que no esté en el lenguaje, en la proposición, en el signo proposicional con sentido. Pero si la lógica queda corta para mostrar lo no expresable, el pensamiento queda restringido a ser el trasunto de la proposición. Huyendo de todo psicologismo, Wittgenstein rechaza si quiera analizar cuales son esos elementos simples que existirían en el pensamiento de manera análoga los hechos simples de los que se componen las proposiciones. Desde su paradigma descriptivista, lógico, atomista, qué sea ese elemento simple del pensamiento es algo que no reviste importancia lógico-filosófica. No se trata de postular un platonismo de las ideas, ni de caer en el subjetivismo cartesiano, ni de seguir un conductismo… se trata simplemente de constatar la insuficiencia del lenguaje y del pensamiento para representar pictóricamente la realidad. La realidad sólo podrá ser atisbada, mostrada, cual nota musical, en los juegos del lenguaje de las Investigaciones Filosofóficas, que son, a mi entender, el colofón del Tractatus, de lo no mostrado en el Tractatus.

 

Acaso Wittgenstein sea una rara avis. “En la actualidad, la creencia en la mente inmaterial se asocia exclusivamente con el dualismo cartesiano. Parece haber, para los filósofos, tres opciones. Mantener algún tipo de dualismo cartesiano (…), creer en la identidad de todos los estados y acontecimientos mentales con estados y acontecimientos cerebrales, o adoptar la postura conductista. (…) En mi descripción de las opciones aparentemente viables para los filósofos analíticos actuales, he omitido a Wittgenstein”[31].

 

Escribe Wittgenstein, una vez superado su pensamiento del Tractatus: “¡No hay por qué preocuparse nunca de lo que uno haya escrito! ¡Es preciso comenzar siempre de nuevo a pensar como si no hubiera pasado absolutamente nada!”[32]

 

Y así lo hizo, dejando de lado, al menos aparentemente, su concepción del Tractatus.

 

Pero ya el 2-8-1916, cuando estaba “metido” en los oscuros problemas metafísicos del Tractatus, decía en su diario: “Sí, mi trabajo ha ido ampliándose desde los fundamentos de la lógica hasta la esencia del mundo” [33].

 

Y es que ya en el Tractatus se intuye que Wittgenstein apunta a un sentido ético no explicitado en el mismo, que no ha sido dicho, sino sólo mostrado,  apunta a un pensamiento y a un lenguaje místico, que sólo más adelante, en su obra posterior, irá tomando forma, ya no lógica, sino lúdica.

 

El propio atomismo lógico del Tractatus ya incuba esta concepción[34], pues los elementos atómicos, los nombres, son los que componen cualquier hecho lingüístico, como exigencia metodológica de precisión de sentido, o de correspondencia con los elementos simples del pensamiento o de la realidad, sean los que sean. Pero lo importante es que esos elementos simples son ya de por sí cualquier mundo, puesto que llevan en sí mismos la posibilidad de todos. Lo particular no es relevante sino dentro de una estructura; un signo no significa nada si no es usado en la sintaxis lógica.

 

§ 3.262 Tractatus: “La aplicación del signo muestra lo que no está expresado en él. La aplicación muestra lo que el signo esconde”.

 

Más clara está la conexión entre el Tractatus y la obra posterior de Wittgenstein cuando habla de lo místico. A modo de ejemplo, lo que enlaza con la visión de Schopenhauer (el conocimiento que se libera de la voluntad y de la individualidad), o del mismo Spinoza, como señala Hadot[35], podemos citar de otra de las proposiciones del Tractatus:

 

§ 6.45 Tractatus: “La visión del mundo sub specie aeterni es su contemplación como un todo –limitado-. Sentir el mundo como un todo limitado es lo místico”.

 

Como señala Deaño: “los que no creen en el infierno pueden con toda tranquilidad leer las Investigaciones Filosóficas como si se tratase de una prolongación en detalle del Tractatus. No es la negación de este, sino su despliegue con correcciones”[36].

 

Hacer un ensayo sobre el qué sea el pensamiento en el Tractatus no puede dejar de lado el llegar a insertar este dentro de la relación más general de la forma lógica y de la propia relación existente entre lenguaje, pensamiento y mundo, con los límites de estos.

 

§ 5.6 Tractatus: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”.

 

La realidad, sería otra cosa.

 

Con todo, no parece que de ahí se derive el abandono de la lógica. Recordemos lo que decía Deaño: “Parece, pues, procedente imaginar la lógica como un iceberg: el iceberg de la lógica tiene, como todos, una parte a la vista –la lógica forma-, y el resto, sumergido. La lógica –así, a secas- es, pues, algo más que lógica formal”[37].

 

Lo que sí se deriva es “una reconsideración del lenguaje que va dejando de ser el vehículo del pensamiento, que va dejando de ser representacional”[38].

 

Pues “el Tractatus muestra la desolación de aquél que confió encontrar la solución de todos los problemas filosóficos y no lo consiguió”[39].

 

Así, el 22 de agosto de 1930, señala Wittgenstein: “Pero ahora me parece que a parte del trabajo del artista hay otro: aprehender el mundo sub specie aeterni. Es –creo- el camino del pensamiento que, por así decirlo, vuela sobre el mundo y lo deja tal y como está, -contemplándolo desde arriba en el vuelo”.

BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL

 

CEREZO, M. “El pensamiento y la triple dimensión de la figura en el Tractatus”. En Para leer a Wittgenstein. Editorial Biblioteca Nueva. 2008. Madrid.

 

GARCÍA SUÁREZ, A. “Lenguaje, pensamiento e intencionalidad en el Tractatus”. En Para leer a Wittgenstein. Editorial Biblioteca Nueva. 2008. Madrid.

 

HADOT, P. Wittgenstein y los límites del lenguaje.  Pre-textos. 2007. Valencia.

 

LOPEZ DE SANTA MARÍA, P. Introducción a Wittgenstein. 1986. Herder.

 

REGUERA, I. La miseria de la razón. Taurus. 1980. Madrid.

 

WITTGENSTEIN, L., Tractatus Logico-Philosophicus, Edición Electrónica de www.philosophia.cl/Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llamamos filosofía a un conocimiento teorético, a una teoría. La teoría es un conjunto de conceptos en el sentido estricto del término concepto. Y este sentido estricto consiste en ser el concepto un contenido mental enunciable. Lo que no se puede decir, lo indecible o inefable no es concepto, y un conocimiento que consista en visión inefable del objeto será todo lo que ustedes quieran, inclusive será, si ustedes quieren, la forma suprema de conocimiento, pero no es lo que intentamos bajo el nombre de filosofía.

 

Ortega y Gasset.

 

 

 


[1] REGUERA. I, La miseria de la razón, Taurus, Madrid, 1980, p. 25.

[2] ALEGRE, J., “Wittgenstein y la correspondencia entre pensamiento, lenguaje y mundo como intento disolutivo de la actividad filosófica y el sujeto cognoscitivo moderno. Implicaciones actuales”, Instituto de Filosofía-Facultad de Humanidades-UNNE.

http://www1.unne.edu.ar/cyt/2001/2-Humanisticas/H-001.pdf

[3] WITTGENSTEIN, L., Tractatus Logico-Philosophicus, Edición Electrónica de www.philosophia.cl/Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, p. 11.

[4] REGUERA, Op. cit, p. 27.

[5] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, P., Introducción a Wittgenstein, sujeto, mente y conducta, Herder Barcelona, 1986, p.19.

[6] Ibidem, p.39.

[7] GARCÍA SUÁREZ, A., “Lenguaje, pensamiento e intencionalidad en el Tractatus”, en Para leer a Wittgenstein, lenguaje y pensamiento, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2008, p. 15.

[8] WITTGENSTEIN, L., Briefe an L. von Ficker, p. 35; referencia tomada de REGUERA, Op. cit., p. 28, nota al pie nº 29.

[9] REGUERA, Op. cit, p. 33.

[10] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Op. cit., p. 42.

[11] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Op. cit, p. 47.

[12] WITTGENSTEIN, L., LRKM, 19.8.19, p. 72. Referencia tomada de LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Ibidem, p. 42.

[13] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Op. cit, p. 43.

[14] REGUERO, Op. cit, p. 50.

[15] REGUERO, Op. cit, p. 50, en nota al pie nº 5.

[16] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Op. cit, p. 45.

[17] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Op. cit, p. 46.

[18] REGUERO, Op. cit, p. 51.

[19] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Op. cit, p. 51.

[20] WITTGENSTEIN, L., NB, 6.10.14, p. 9; referencia tomada de LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Ibidem, p. 52.

[21] REGUERA. I, La miseria de la razón, Taurus, Madrid, 1980, p. 15.

[22] LÓPEZ DE SANTA MARÍA, Op. cit, p. 23.

[23] GARCÍA SUÁREZ, Op. cit, p. 18.

[24] GARCÍA SUÁREZ, Op, cit, p. 23.

[25] GARCÍA SUÁREZ, Op, cit, p. 26.

[26] GARCÍA SUÁREZ, Op, cit, p. 27.

[27] GARCÍA SUÁREZ, Op, cit, p. 29.

[28] GARCÍA SUÁREZ, Op, cit, p. 31.

[29] CEREZO, M., “El pensamiento y la triple dimensión de la figura en el Tractatus”, en Para leer a Wittgenstein, lenguaje y pensamiento, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2008, p. 40.

[30] CEREZO, M., Op. cit., p. 59.

[31] ANSCOMBE, G.E.M., La filosofía analítica y la espiritualidad del hombre, Anuario Filosófico, v. 13 (1980), p. 32; referencia tomada de GIL DE PAREJA, J.L., “El pensar en la filosofía de la mente de L. Wittgenstein”, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 2007, p.129

http://dspace.unav.es/dspace/bitstream/10171/2305/1/01.%20JOS%C3%89%20L.%20GIL%20DE%20PAREJA,%20El%20pensar%20en%20la%20filosof%C3%ADa%20de%20la%20mente%20de%20L.Wittgenstein.pdf

[32] WITTGENSTEIN, L., Tagebücher, p. 119; referencia tomada de REGUERA, Op. cit., p. 36.

[33] WITTGENSTEIN, L., Tagebücher, p. 172; referencia tomada de REGUERA, Op. cit., p. 45.

[34] REGUERA. Op. cit., p. 54.

[35] HADOT, P., Wittgenstein y los límites del lenguaje. Pre-textos, Valencia, 2007, p. 24.

[36] BIEDMA, J., “Glosíficas. Comentarios de Investigaciones Filosóficas (PU)”, A Parte Rei 16, p.15.

http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/glosificas.pdf

[37] Ibidem, p. 10.

[38] MUÑOZ, C., “Wittgenstein Arquitecto: el pensamiento como edificio”, A Parte Rei 16, p. 7.

http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/arquitecto.pdf

[39] Ibidem, p. 17.

Una respuesta to “EL PENSAMIENTO EN EL TRACTATUS (WITTGENSTEIN)”

  1. marta said

    Hola forseti4y9,
    soy yo nuevamente, me encantó tu trabajo. Te dejo un enlace,

    http://educautonomia.blogspot.com/2010/12/la-educacion-como-una-etica-y-una.html

    Esto es lo que hacemos con la filosofía los que no somos filósofos, la usamos.
    Grande la filosofía, sigan pensando. Los usuarios agradecidos.

    Un abrazo

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