Ágora 2.0

Blog del alumnado de Filosofia de la Universidad de Zaragoza

La guerra de Argelia

Posted by forseti4y9 en 10 octubre 2011

Uno de los dos trabajos que presenté a Historia del Mundo Contemporáneo II.

 

Introducción.

 

Sin querer abarcar los innumerables flancos que podríamos abrir en torno a la guerra de Argelia, centraremos nuestro análisis en torno a algunas de las reflexiones que tienen cabida en el libro La Guerre d’Algérie 1954-2004 la fin de l’amnésie[1], donde varios autores prestan atención a algunas de las cuestiones que tienen que ver con esta guerra. En particular, intentando situar el nivel de responsabilidades y sufrimientos de cada uno de los grupos concernidos.

 

Una guerra desarrollada entre 1954 y 1962 en Argelia, que amenaza incluso a la metrópoli (el epicentro del paso de la IV República a la V en 1958 es argelino[2]), y cuyas huellas pueden rastrearse hasta nuestros días.

 

Como señala Rioux, entre las peores fallas que legitimaron la aceptación de un fin sin gloria de la IV República, y que dieron paso a las esperanzas de paz de la V República, estuvo la práctica de la tortura[3].

 

Pero ni siquiera la V República pudo detener la gangrena. La V República puso fin a la guerra pero no supo estar a la altura en el combate de la tortura, que quedó en manos de ciudadanos aislados, normalmente intelectuales, combatientes, estudiantes. Aislados, perseguidos, censurados, condenados, yendo en vano a los mass media, peticionarios, rechazados por las instituciones a las que ponían en tela de juicio, y poco escuchados por los partidos en el poder.

 

Las instituciones de la República (administración, policía, ejército y justicia) no tuvieron la coherencia necesaria para hacer frente a las prácticas ilegales desarrolladas en el conflicto por Argelia, lo que es más sangrante si pensamos que en Francia (al contrario que en Gran Bretaña) la tarea de someter Argelia y administrarla es un asunto de Estado (y no de colonos privados)[4].

 

Desgranaremos el papel de cada uno de los sujetos protagonistas en la guerra de Argelia, para acabar elevando la mirada hacia una reflexión más genérica acerca del papel que la violencia ha jugado y sigue jugando en la historia de Argelia desde la guerra de la independencia, y rastreando si quiera brevemente su huella hasta nuestra más cercana actualidad.

 

Las torturas serán objeto así mismo de alguna mirada más en profundidad.

 

La Administración.

 

Administrativamente, Argelia comprende los Territorios del Sur que están bajo administración militar y los Departamentos del Norte, divididos en distritos y comunas, con un administrador francés y, bajo sus órdenes, caïds nombrados y revocados por el poder[5].

 

Pero ya en los años 1930-1954 el nacionalismo no deja de ganar terreno y es la principal fuerza política en el curso de la Segunda Guerra mundial[6]. Y en el campo, más que el sentimiento nacional, es la identidad religiosa, la lengua y la xenofobia lo que constituye el soporte del movimiento anticolonial[7].

 

Harbi aboga por dejar de lado la historiografía inspirada en las tesis colonialistas, que tachan al FLN de rebeldes y a los anticolonialistas franceses de traidores, así como a la corriente opuesta que sacraliza al FLN y defiende su acción en bloque, y apuesta por aquellos que quieren analizar la guerra de la Independencia en su complejidad como manera para despejar el futuro a una revolución democrática[8].

 

Al analizar las instituciones que intervienen en la guerra de Argelia, debemos tener en cuenta que la diferencia entre las descolonizaciones marroquí y tunecina y la guerra de Argelia no sólo es la pasión de la propiedad nacional francesa de la tierra en una Argelia vuelta de espaldas a la Argelia argelina, sino también social, por la naturaleza social (sin clases sociales explícitamente constituidas) del movimiento nacional[9].

 

La Justicia.

 

Como señala Thénault[10], las leyes que han enmarcado el conflicto han creado una situación jurídica excepcional, transfiriendo sobre todo los poderes de policía al ejército, y las calificaciones jurídicas de derecho común enmascaraban mal la coloración política de los asuntos que les llegaban.

 

Es importante destacar que no se reconoció el estado de guerra en el suelo argelino porque si las autoridades francesas hubieran aplicado las convenciones de Ginebra, que preveían el caso de conflicto interno, los combatientes no hubieran podido ser llevados ante la justicia, salvo en caso de crímenes de guerra. Es por eso que siempre se mantuvo desde 1954 el principio de que la acción del FLN era de naturaleza terrorista.

 

Y es que, traumatizado por su derrota en Indochina, donde Hô Chi Minh le había superado gracias a una guerra revolucionaria basada en el compromiso popular, el ejército francés no quería que se reprodujera lo inimaginable: una guerra en la que, en expresión del coronel Lacheroy, el más fuerte es vencido por el más débil[11].

 

En este sentido, la guerra de Argelia toma la forma de vasta operación de mantenimiento del orden, en la cual el ejército necesita poderes de policía y, in fine, la intervención de una represión judicial eficaz[12].

 

Aun cuando la represión usó masivamente violencia prohibida por la ley, los sistemas penitenciarios y judiciales funcionaron hasta la saturación; y si se actuaba legalmente, la conciencia no sufría en exceso (caso de la pena de muerte), al contrario de lo que ocurría con las masivas torturas y ejecuciones sumarias[13].

 

Así, el estado de urgencia (que deja fuera de la ley, hors-la-loi, a los que no se amparan del derecho común de la República) se ha aplicado progresivamente en Argelia por una sucesión de decretos que lo instauran primero en el Constantinois (el 1 de noviembre de 1954 estallan en una treintena de puntos del territorio alrededor de setenta atentados[14]) antes de extenderlo a todo el país, el 22 de agosto de 1955 como consecuencia del levantamiento popular que ha puesto en marcha definitivamente el engranaje de la guerra, con la iniciativa de Zighout Youssef, responsable de la wilaya 2 (la estructura del FLN dividía el territorio en 6 wilayas, como podemos ver en el mapa de la época[15]).

 

El estado de urgencia permitió transferir el juicio de los actos calificados como crímenes al TPFA, cuyo jurado, presidido por un magistrado civil, estaba compuesto de militares.

 

Durante la guerra, se han pronunciado cerca de mil quinientas penas capitales, de las que aproximadamente doscientas han sido ejecutadas[16]. Este número exagerado se debe a que para el tribunal la condena a muerte era la única sentencia eficaz, como pena ejemplar y disuasoria, pero al contrario, su ejecución galvanizaba la emoción popular[17]. Y si De Gaulle usó el derecho de gracia a favor de todos los condenados a muerte cuando llegó al poder como primer presidente de la V República en enero de 1959, al persistir el conflicto, en 1959 se retomaron, para cesar definitivamente en diciembre de 1960 en Argelia y en enero de 1961 en la metrópoli[18].

 

Pero incluso el principio de llevar ante la justicia a los combatientes ha sido incumplido cuando en julio de 1958 el ejército abrió campos llamados “centros militares de internados”, para los detenidos ‘con las armas en la mano’.

 

Y en febrero de 1960 la represión se remodeló totalmente, desplazando totalmente a la justicia civil de la instrucción y del juicio de los delitos, para toda ‘ayuda directa o indirecta a los rebeldes’[19].

 

Como señala Thénault, así el ejército sustituye a la institución judicial. Ese proceso de sustitución del Estado por el ejército, encargado de todas sus misiones, tiene su variante más extrema en el putsch, como denunciaron numerosos intelectuales de la metrópoli comprometidos por la defensa de las libertades[20].

 

La continuidad de las condenas hasta el final, cuando el arreglo del conflicto estaba en curso, ha conducido a que los procesos parecieran parodias.

 

De Gaulle, convencido de que en Argelia ‘los médicos, los magistrados y la policía estaban con el OAS’, confió a jurisdicciones de excepción, instaladas en la metrópoli, los asuntos más graves: el Alto Tribunal militar, denominado especial, se creó tras la tentativa de putsch.

 

Esto puede explicarse en parte por el contencioso que había entre De Gaulle y los franceses de Argelia ya desde la Segunda Guerra mundial[21], como vimos en cierto modo en el otro trabajo que hicimos para esta asignatura acerca de Vichy.

 

Pero objetivamente, responde a las especificidades de la magistratura de Argelia, que refleja la situación colonial. En ese contexto, la impunidad de la tortura no es de extrañas. No se debe sólo a una toma de posición previa de los magistrados contra la causa nacionalista, sino que también tiene que ver con el hecho de que las quejas que denunciaban la tortura incumbían a la justicia militar desde el momento en que los presuntos culpables eran soldados, por lo que los magistrados civiles eran incompetentes al respecto.

 

Incluso a escala individual, los jueces han explicado luego que las quejas de torturas, que raramente dejaban huellas, les parecían mentira, y que en todo caso la existencia de sevicias no justificaba un fallo de ‘no ha lugar’. Como mucho, se llamaba a un médico legal, que no derivaba en nada más que en un informe que quedaba en el dossier, sin abrir más información judicial[22].

 

Había un ambiente psicológico en el que la tortura ha perdido su carácter de violencia suprema y condenable. Los jueces, que iban a los lugares de los atentados, se confrontaban a la vista de la sangre, de los muertos y los heridos, al dolor y destreza de los supervivientes. Veían la violencia del FLN, pero no las torturas, que no era más que una violencia entre las otras.

 

Incluso Jean Reliquet, procurador general activo contra la tortura, rechazaba hacer el juego al adversario[23].

 

Es para sacar de ese contexto la instrucción de las sevicias por lo que el desde enero de 1959 ministro de justicia Michelet, transfirió a la metrópoli la instrucción de las quejas que denunciaban sevicias.

 

Aún se creó otro tribunal más, el TOP, al declararse el cese del fuego del 19 de marzo de 1962, y duró tres meses. Es un período en el que el OAS ha entrado en un ciclo de violencia y terror para torpedear los acuerdos de Évian.

 

Y el 15 de enero de 1963 se creó por ley el Tribunal de seguridad del Estado para los asuntos de subversión.

 

En lo que hace referencia al tema de la tortura, son de destacar los informes de Jan Mairey, Director de la Seguridad nacional en marzo y diciembre de 1955, que denuncian la práctica generalizada de la tortura, quien señala que le es intolerable pensar que el comportamiento de los policías franceses pueda evocar los métodos de la Gestapo[24].

 

Sin embargo, los gobiernos de la IV República tras Mendès hicieron suya la doctrina de otro informe de un alto funcionario, Roger Wuillame, que aun describiendo las torturas de electricidad y de cañón de agua, legitimaba el uso de la tortura si se practicaba con propiedad, esto es, sin mutilaciones y bajo control de un oficial de la policía judicial.

 

Y es de destacar también como un punto de inflexión la fecha del 7 de enero de 1957, cuando  el general Massu y la 10ª división paracaidista recibieron los poderes de policía en la Gran Argelia para eliminar el terrorismo del FLN, pudiendo usar la tortura para obtener información[25].

 

Así, se produjo la completa subordinación de la policía al ejército, paralela a la subordinación creciente de la autoridad civil a la militar.

 

Para contrarrestar esto, que la policía argelina escapaba del poder (gangrenada por el OAS quizá), De Gaulle apeló a misiones policiales metropolitanas contra el OAS, unas en un marco legal, otras en el ilegal[26] (con los barbouzes y la Mission C). Pero sólo lo hizo en el otoño de 1961, conociendo la situación desde abril-mayo[27].

 

Y en julio de 1962 ya hubo un embrión de policía argelina creado conjuntamente por Francia y el FLN.

 

Como concluye Peyroulou[28], podemos destacar en el plano policial por una lado la exportación de las prácticas de torturas a la metrópoli, en particular a la prefectura de policía de Paris con Maurice Papon; por otro, la guerra de policías en cuanto a la actitud a tomar frente al OAS; además, los lazos estrechos y ambiguos establecidos entre la policía francesa y la policía argelina tras 1962; y por último las complejas relaciones entre la policía y la población francesa e inmigrada procedente del Maghreb.

 

El ejército y el OAS.

 

Durante la guerra de Argelia, se produjeron desobediencias en el ejército, no sólo por soldados que rechazaban continuar la guerra, sino también por, sobre todo mandos militares, que querían continuar la guerra a favor de la Argelia francesa[29].

 

Así, se habla de guerra contrarrevolucionaria a partir de que De Gaulle, el 16 de septiembre de 1959, compromete a Francia en la vía de la autodeterminación argelina. El 8 de enero de 1961 la política del general es refrendada por la población: el sí recibe el 75,25% de los sufragios en la metrópoli y el 69,09% en Argelia.

 

Pero varios coroneles de la metrópoli están persuadidos de que la independencia de Argelia llevará al Mediterráneo a caer bajo el yugo comunista (entienden que es la doctrina maoísta la que ha permitido la victoria comunista en Indochina, donde ya nació la guerra contrarrevolucionaria entre los círculos integristas católicos)) y que Francia dejará de ser una nación de primer rango.

 

Así, varios coroneles preparan un putsch militar, y finalmente se elige al general Challe para ser la cabeza de un movimiento insurreccional en Argelia[30].

 

El 22 de abril de 1961 las autoridades civiles y militares de Argelia son arrestadas por los putschistes durante la noche. Al alba, los generales Challe, Jouhad y Zeller crean un Consejo superior de Argelia, del que el general Challe toma el mando.

 

En la metrópoli, el golpe se recibe con estupor.

 

La mayoría del ejército no secunda el golpe, y quedan a la espera.

 

Y es la alocución del General De Gaulle, en su célebre discurso televisado del 23 de abril, la que hace bascular el contingente en una oposición al putsch, en una resistencia semiactiva o semipasiva según los regimientos y sus jefes[31].

 

Algunos como Challe se convencen del fracaso, pero otros como Susini quieren continuar cueste lo que cueste bajo las órdenes del general Salan. Ambos obtienen el derecho de circulación del cuñado de Franco, Serrano Suñer, de la Falange española, que ‘se inquieta de la falta de fiereza de esos militares franceses que ni siquiera fusilan a los enemigos capturados’[32].

 

Al final 220 oficiales tuvieron sentencias condenatorias, y varias decenas fueron ante el Alto Tribunal militar, donde a algunos como a Challe y Zeller les condenaron sólo a 15 años de prisión, pero a otros que fueron más contumaces como Salan les condenaron a muerte.

 

Pero los desertores, los que se llamaron ‘soldados perdidos’, continuaron en el OAS, creado los días siguientes al referéndum, y que se hace más conocido a raíz del golpe, y recoge a los golpistas que huyeron.

 

Es una organización totalitaria, según Quemeneur, una organización que vigila y utiliza a la población europea, una organización a la vez horizontal y vertical[33].

 

Una rama del OAS se estructura como FN (Frente nacionalista) y toma la cruz céltica como emblema, y los comandos Delta son el brazo armado del OAS, entre otras ramas armadas.

 

Al principio de 1962 el OAS sufre lo que algunos han llamado una ‘locura asesina’, por lo que muchos europeos de Argelia desean huir, pero el OAS prohíbe las salidas por medio de amenazas. Cuando se firman los acuerdos de Évian el 18 de marzo ordena una huelga general y considera a las fuerzas francesas ‘tropas de ocupación’.

 

Cuando a partir del 15 de abril comienza el éxodo de los pies negros, la OAS comprende que todo está perdido. Además, el 20 de abril el arresto del general Salan decapita la organización. Pero Jean-Jacques Susini toma la sucesión y se lanza en la política de la tierra quemada. Esa política culmina el 7 de junio de 1962, antes de que se firme un acuerdo entre el FLN y Susini el 18 de junio[34].

 

En un año, el OAS ha matado a mil quinientas personas y herido a tres mil, y por dos veces atentaron contra la vida de De Gaulle.

 

En 1966 y 1968 se les rebajaron las penas, e incluso el presidente de la República de 1982, Miterrand, rehabilitó en sus carreras a los mandos, oficiales y generales condenados o sancionados por haber participado en la subversión contra la República.

 

El itinerario de algunos de los miembros del OAS les llevó a devenir mercenarios, como es el caso de Jean-Pierre Cherid: paracaidista, participa en el putsch y en el OAS; luego va a Francia, como un hold-up, y es arrestado pero consigue huir; deviene mercenario en África y luego llega a España donde se junta con la extrema derecha, en particular con el fascista italiano Stefano Della Chiaie; participa en los GAL y muere por la bomba que preparaba en marzo de 1984.

 

Recientemente, el documental de Marie-Dominique Robin (Escadrons de la mort: l’école française)[35], difundido en Canal+  de Francia el 1 de septiembre de 2003, ha mostrado como ciertos miembros del OAS, y algunos militares franceses como el general Aussaresses, han participado en el terror organizado por los regímenes sudamericanos durante los años 1960 y 1970[36].

 

Por ejemplo el coronel Jean Gardes estuvo cinco años exiliado en Argentina, y el ministerio argentino de Marina echó mano de él por su competencia en materia de lucha contrarrevolucionaria.

 

Muchos antiguos miembros del OAS fueron llevados a Argentina por López Rega, sobre todo miembros del OAS de Orán y comandos Delta.

 

O Aussaresses[37], que enseñó la guerra antisubversiva a los militares en Chile, por reseñar algunos de los ejemplos que cita Quemeneur.

 

En 1972 Jean-Marie Le Pen, antiguo paracaidista que ha reconocido haber practicado la tortura durante la guerra de Argelia, crea el Frente nacional. Sirvan sus palabras para manifestar la actualidad de la memoria de esta guerra: ‘¡El combate por la Argelia francesa ha preparado el combate por la Francia francesa!’[38].

 

Como señala Kauffer[39], el OAS es un movimiento demasiado tardío que no pudo acaso triunfar más que si hubiera asesinado a De Gaulle, pero a qué precio[40]. Un movimiento sin clarividencia policía ni aliados en el plano internacional (la España franquista, sobre la que contaban algunos dirigentes del OAS, se comportó como un falso amigo; los sueños de alianza con los Estados Unidos eran mera utopía; la Alemania federal era aliada secreta del FLN, en un sutil doble juego; y Gran Bretaña hostil), falta de mandos, falto de efectivos realmente dispuestos a matar y capaces de hacerlo (sobre un millar, de los que cien en la metrópoli), y de las víctimas, alrededor de 1.700 en quince meses de existencia, al final los perjudicados han sido los pies negros, a quienes han obligado al éxodo.

 

El desarrollo posterior del ejército argelino una vez alcanzada la independencia, supone un desafío todavía pendiente de ser resuelto[41].

 

El FLN.

 

La noche de Todos los Santos de 1954 comenzaron las acciones militares del FLN.

 

En el FLN el papel de las mujeres fue importante. Esto lo podemos ver en la película Hors-la-loi, de Bouchared, en 2010. Es el caso por ejemplo de Djamila, guapa, joven, seductora, vestida a la europea, que no tienen problemas para pasar las barricadas erigidas por los paracaidistas franceses alrededor de la casbah, y en toda la ciudad[42].

 

Si ya hemos visto cómo en el lado francés la función militar es inseparable de la policial, lo mismo sucede en las filas del FLN. Así, también aquí se ha practicado la tortura de forma sistemática[43]. La desproporción de las fuerzas y la estructura administrativa militar y policial colonial han hecho muy peligrosa la concentración y la coordinación de los maquisard contribuyendo así directamente a favorecer la emergencia de jefes de guerra con prácticas extremadamente autoritarias, como las purgas.

 

Así, se instauró guante años un verdadero terror sobre la población civil por parte de ambos bandos contendientes.

 

Al lado de los combatientes argelinos.

 

Algunos historiadores, como algunos intelectuales o estudiantes, tomaron partido por los combatientes argelinos, como Pierre Vidal-Naquet o  Jean-Pierre Vernant; otros, el de la patria, como Pierre Chaunu[44].

 

Argelia fue la propedéutica de los futuros militantes del movimiento del 68 y del izquierdismo[45].

 

Hay individualidades importantes, como la de Bonnaud, que escribió al respecto y organizó redes de ayuda al FLN, o Mattei, que también.

 

En general, la guerra de Argelia fue una guerra de lo escrito[46], gracias a los intelectuales, con protestas, campañas de información y denuncia de la violencia y la tortura y los crímenes. François Mauriac denuncia el racismo policial como especialmente inmundo, Pierre-Henri Simon escribe un libro denunciatorio, el general Jacques de Bollardière ha tomado posición contra la batalla de Argel en L’Express del 29 de marzo de 1957, etc.

 

Hubo prensa paralela y clandestina, un comité creado para saber la verdad del asesinato de Maurice Audin, se firmo el Manifiesto de 121, hubo procesos mediáticos como el de Jeanson o el de Jean-Paul Sartre, etc.

 

Los pies negros.

Más allá del origen de este término, que no está claro pero del que Lefeuvre aventura una hipótesis probable[47], con el nombre de pies negros se designa a la población francesa de Argelia.

 

Su número aumentó por la política de naturalización de extranjeros (para evitar lo que Leroy-Beaulieu llamó el peligro de que Francia se encontrara si no con el hecho de haber incubado un huevo italiano en el Constantinois y un huevo español en Oranie[48]). Por la ley de 26 de junio de 1889, los niños nacidos de un padre extranjero, si este ha nacido también en suelo francés, devienen automáticamente franceses, salvo que renuncien en el año siguiente a su mayoría de edad.

 

Así se hicieron franceses, a lo largo de 30 años, alrededor de 160 ó 170 mil personas. Aunque aún así quedaron ciertos grupos fuera de ese grupo: los indígenas (aunque no había una sociedad de apartheid), o la comunidad judía, como grupo integrado de manera imperfecta (recordemos a título anecdótico en el marco de este trabajo que en Argelia, bajo el régimen de Vichy, se aplicó su legislación antisemita, como vimos en el otro trabajo objeto de esta asignatura).

 

Los pies negros se distinguen de la masa de argelinos musulmanes por dos rasgos principales: su estatus político y su nivel y origen de sus rentas[49].

 

Como ya hemos rastreado antes, en un momento dado, en el verano de 1962 sobre todo, Argelia se vacía prácticamente de su población europea[50].

 

Esto puede explicarse por varios motivos: En primer lugar, por la acción del OAS, que hace que huyan bajo pánico, en la atmósfera de guerra civil e inseguridad tras la orden de Sanan de atacar al ejército francés antes de empujar a la población a las calles, y bajo el miedo de ser represaliados por el FLN por los asesinatos de los militantes nacionalistas o de simples argelinos musulmanes.

 

En segundo, por la inseguridad general que reina en los pueblos argelinos. Baste un dato de los que da Lefeuvre: en algunas semanas, la comunidad europea ha sufrido la mitad de las desapariciones totales, o un tercio de los muertos, de las pérdidas totales que hubo entre el desencadenamiento de la guerra en noviembre de 1954 y los acuerdos de Évian de marzo de 1962[51].

 

En tercer lugar, la ambigüedad que el FLN mantiene sobre la plaza que le reserva a la comunidad europea en una Argelia independiente, pues aunque los acuerdos de Évian afirman garantías para los europeos de Argelia, las proclamas y los hechos demuestran que la Argelia resultante lo será en el marco de los principios islámicos.

 

En definitiva, los pies negros se saben una futura minoría que puede ser tomada como rehén y objeto de violencia, por lo que es lógico que salgan en masa de Argelia. Así, aunque su deseo hubiera sido quedarse en suelo argelino, su única y verdadera casa, de un día para otro se ven obligados a dejarlo todo y partir en la improvisación. Su pensamiento de volver quedó pronto apagado, por los espolios que sufrieron.

 

En la metrópoli fueron recibidos con medidas de urgencia para insertarlos, y al cabo del tiempo también se pusieron en marcha ciertas medidas de indemnización. Según un informe de 2003, los pies negros habrían sido indemnizados sobre un 58% del valor de los daños sufridos. Pero las heridas de orden memorial no fueron restañadas en tanto que víctimas de la descolonización[52].

 

Los judíos de Argelia.

 

En principio, la comunidad judía fue solicitada por ambas partes. Pero el 22 de junio de 1961 un argelino musulmán disparó en la nuca al músico Cheikh, y ese mismo año las manifestaciones por la independencia del FLN arrasaron igual pueblos mayoritariamente judíos; y la política de tierra quemada de la OAS también acentuó el desarraigo y la huida de los judíos[53].

 

Como señala el propio Stora, a su vez judío, la comunidad judía argelina no mantiene rasgos específicos respecto a los pies negros, al contrario de lo ocurrido en Marruecos o Túnez; sólo a partir de la segunda guerra de Argelia en los años 90 se opera una distinción entre los diferentes grupos de la historio de la Argelia francesa.

 

Esto ocurrió desde el momento en que Argelia formó parte de Francia, pues los judíos, como ciudadanos franceses, quedan separados de los argelinos musulmanes. Hablan francés, aprenden la historia de Francia, y toman distancia con la herencia hebrea y la cultura árabe.

 

Aunque bien es cierto que en el momento del desarrollo de la guerra de Argelia, los independentistas recurrieron al argumento del antisemitismo desplegado en los tiempos de Vichy para intentar justificar la necesaria unidad entre musulmanes y judíos en la creación de la nación argelina. Y que la experiencia de Vichy hizo que los judíos argelinos se mantuvieran recelosos de los ultras de la Argelia francesa, vinculados al vichysme.

 

Cuando la separación de Francia se tornó ineluctable, los judíos has salido en masa, y sólo una minoría se ha unido al nacionalismo argelino, en función de categorías sociales, generaciones y situación geográfica[54].

 

Los harkis.

 

Una de las zonas oscuras que todavía subsisten hoy en día en buena parte es la del compromiso con Francia de “musulmanes” en el sentido colonial del término, la de las masacres que sufrieron con el alto el fuero y la integración de los que pudieron llegar a la metrópoli[55]. En cierto sentido, son los olvidados de la historia.

 

Entendamos por harki un término genérico que engloba a los ciudadanos franceses de Argelia de origen árabe o berebere que han servido a Francia durante la guerra a pesar de las amenazas del FLN.

 

El interés de Francia en recurrir a estas fuerzas supplétives indígenas era múltiple[56]: aprovechar su perfecto conocimiento del terreno, cortar a los fellagha (guerrilleros sublevados contra Francia) de la población, contestar la representatividad del FLN y limitar el número de tropas francesas llamadas a ir a Argelia.

 

Por otra parte, los motivos del compromiso de estos harkis[57] eran respuesta a las exacciones del FLN,  a solidaridades de familia o clanes, al patriotismo o convicción política, a motivos de tipo económico, o a compromisos forzados ‘bajo la presión’ del ejército.

 

En los acuerdos de Évian fueron los grandes olvidados[58]. Y en realidad estos acuerdos no fueron aplicados más que por Francia, el fuego sólo cesó de un lado, ya que el FLN, una vez consagrado como el único representante de los habitantes de Argelia, se dispuso a suprimir a todos los oponentes, empezando por los harkis.

 

Desde los primeros días después del cese el fuego, los hombres y mujeres harkis son raptados y asesinados. Los diputados hacen ver a la Asam le nacional francesa la preocupante situación. Y la respuesta de Louis Joxe el 11 de abril es la contraria a la esperada: ‘no repatriar más que a personas particularmente amenazadas y en número muy limitado’, ‘verificando sus aptitudes físicas y morales y su voluntad de establecerse en la metrópoli’; ¡y todo eso a pesar de haber arriesgado su vida y la de sus próximos por haber llevado el uniforme francés!.

 

Eso era condenarlos a muerte, dado que los acuerdos de Évian eran papel mojado. Efectivamente, fueron masacrados a gran escala en el verano de 1962, tal como relata el subprefecto d’Akbou[59].

 

De Gaulle no quería que los harkis fueran a Francia: ‘franceses, ¡esa gente!, Con sus turbantes y sus chilabas!’.

 

Enfrentados a esa situación escandalosa, los oficiales deciden desobedecer (no siempre hay que quejarse de los funcionarios corruptos, eso nos lo ha enseñado en repetidas ocasiones la historia) y hacer pasar clandestinamente a la metrópoli a los supplétifs y a sus familias para sustraerlos de la muerte.

 

Pero Louis Joxe replica, por telegrama, prohibiendo toda repatriación fuera del plan oficial minimalista, y reenvía a los harkis a Argelia y exige sanciones contra los cómplices. Eso sí: ‘…evitar dar la menor publicidad a esta medida que podría ser mal interpretada’[60].

 

Así, los harkis llegados clandestinamente a Marsella y a Toulon son reenviados a Argel y son asesinados en el puerto.

 

Y lo peor aún estaba por venir: en agosto y septiembre los que querían ganar méritos, los combatientes de última hora, salen de su attentisme, de su actitud inactiva, o de su doble juego, y comienzan una caza de brujas que acaba con torturas y suplicios públicos antes de terminar con ellos[61].

 

Esa represión acabaría a finales de año, pero continuó de manera episódica, al albur de los mandos locales o a título de diversión, con ocasión de las dificultades locales concretas.

 

Al cabo de ese período de oposición a las trasferencias clandestinas de harkis, las autoridades francesas, ante el flujo imprevisto de estos, pusieron en marcha estructuras específicas de ayudas a los harkis y crearon campos de tránsito[62]. Por ejemplo el campo de Saint-Maurice-l’Ardoise,  a veinte kilómetros de Avignon, que ya había albergado a internos políticos: españoles del ejército republicano, prisioneros franceses de origen musulmán durante la Ocupación, prisioneros de guerra alemanes en la Liberación, etc.

 

Entre 1962 y 1975 los harkis y sus familias fueron repartidos y relegados principalmente en cuatro zonas geográficas[63].

 

En 1975 hubo una revuelta en el campo de Biais y otra en el campo antes citado de Saint-Maurice-l’Ardoise. Como consecuencia de ello, los campos se desmantelan, pero no se le da solución definitiva a esa gente.

 

En 1981 28.500 personas viven todavía en 65 zonas con fuerte concentración.

 

En el verano de 1991 los hijos de los harkis se revuelven otra vez. Franceses, jóvenes nacidos en Francia, que no han conocido ni la guerra de Argelia ni el país de sus padres[64].

 

A partir de 1991 el tema de los harkis se toma en cuenta de manera oficial, se hace visible, se le da un nombre y se esboza un reconocimiento histórico.

 

Parece que en los años 200 se acabe un tabú, pero sigue habiendo problemas sin resolver (alta tasa de paro, indemnizaciones insuficientes, no instancia representativa digna de ese nombre etc.)[65]. Chirac en el 2001 reconoce la deuda de honor que Francia tiene con los harkis y la barbarie de la que fueron objeto tras el 19 de marzo de 1962.

 

Esa barbarie no ha sido calificada jurídicamente de crímenes contra la humanidad porque no se ha probado la existencia de un plan concertado para eliminar toda una población[66].

 

La memoria de los harkis se reconoce ahora más fácilmente, una vez comprobada la falta de legitimidad política del FLN, que por medio de sus generales ha confiscado el poder en Argelia (represión de 1980, revueltas de 1988, rechazo del veredicto de las urnas en 1992 etc.)[67].

 

Violencia.

 

Como señala un ya viejo informe del Centro de investigación para la paz (analizando  la violencia persistente en Argelia, donde por ejemplo entre enero de 1992- cuando se suspendieron las elecciones legislativas tras el triunfo del Frente Islámico de Salvación, FIS- y el 97, cuando se hizo este informe, habían muerto por atentados entre 50.000 y 65.000 personas), en Argelia la población se encuentra atrapada en un fuego cruzado entre la violencia de los grupos terroristas islámicos y las fuerzas policiales al servicio del Estado[68].

 

Podemos leer en la prensa[69] (y en otros autores como Thieux, que más adelante comentaremos) que en total se pueden contar unos 200.000 muertos en el terrorismo que vivió Argelia en los noventa, en la guerra civil entre Ejército e islamistas, terrorismo menguado actualmente con el tercer mandato del gobierno de Buteflika. Esta misma prensa señala que ese temor al repunte del terrorismo es lo que hoy mismo hace, junto a lo que Stora llama su “nacionalismo exacerbado que rechaza el derecho de injerencia”[70], que Argelia sea la única República del norte de África cuyo sistema político sigue intacto y se resiste a admitir los cambios en la vecina Libia (aún no ha reconocido a su nueva autoridad, el Consejo Nacional de Transición); incluso ha acogido a la familia de Gadafi[71].

 

Recordemos que tan sólo hubo una breve “primavera democrática” entre 1989 y 1991[72].

 

No obstante, a partir de 2002 Argelia regresó a la comunidad internacional, y algunos autores como Moré[73] subrayaron las reformas que en el plano interno estaban consolidando la convivencia, y su cada vez carácter más democrático (elecciones limpias, aunque no pueden concurrir los partidos islamistas, situación de la mujer mucho mejor que en otros países árabes, libertad de prensa…). Aun así, hay quienes defendían la teoría de la guerra sucia contra el terrorismo, según la cual los servicios secretos argelinos habrían socavado la popularidad de los islamistas (que vencieron en las elecciones de 1991) apoyando más o menos los elementos más radicales, para enfrentar a unos integristas con otros y mostrar sus atrocidades, lo que terminaría por quitarles popularidad. Teoría que contrasta en todo caso con la principal iniciativa política del presidente Buteflika, la de la “concordia civil”, ofreciendo la reinserción a los integristas arrepentidos, gracias a la cual el Ejército islámico de salvación, brazo militar del FIS, rindió sus armas, aunque diversos grupos recalcitrantes continúan con sus actividades. Ese era el análisis de Moré en el 2002.

 

Incluso cuando el 8 de abril del 2004 Buteflika fue reelegido el jefe del Estado Mayor, Mohamed Lamari, había declarado que aceptaría la victoria de cualquier candidato, incluida la del líder del partido islamista Islah, Abdallah Yabala[74]. Resta poder afirmar si esos comicios fueron creíbles. En este sentido, puede leerse las dudas de Sancha, que en esas mismas fechas escribía que “las elecciones en Argelia no dejan de ser un ritual político utilizado como instrumento de perpetuación en el poder”[75].

 

Y como señalaba Bustos, al aceptar la comunidad internacional los resultados, pese a señales alarmantes de abuso de fondos públicos o dudosas tácticas empleadas con el candidato opositor, “los socios de Argelia limitaban su capacidad de crítica en caso de potenciales violaciones de derechos humanos o endurecimiento del régimen”[76]. El riesgo de que vuelva la violencia siempre ha seguido por tanto presente.

 

Efectivamente, ahí tenemos al AQMI (al-Qaeda en el Magreb islámico), quien entre 2007 y 2008 cometió 18 atentados suicidas[77]. Y los atentados contra representantes extranjeros de Francia, EEUU y sus aliados en Afganistán no han dejado de ir a más.

 

En definitiva, no nos llevemos a engaño, como señaló Roberts con ocasión de las elecciones del 9 de abril de 2009 (tercer mandato de Buteflika) “el proceso oficialmente conocido como elecciones presidenciales en Argelia es en realidad un ejercicio de legitimación materializado a través de la movilización de las lealtades del electorado. Las elecciones no se celebran para determinar cuál es el candidato elegido por la ciudadanía, sino más bien para garantizar el respaldo del pueblo a una decisión previamente adoptada por la oligarquía gobernante, legitimando de esta forma dicha oligarquía”[78].

 

No es que haya un gen violento en los argelinos, pero es cierto que, como dice Carlier, en la Argelia contemporánea la violencia no es sólo económica y fisiológica, social y política, “objetiva”, sino también mental y moral, intelectual y espiritual, “subjetiva”[79].

 

Como vaticina Carlier[80], no hará falta mucho tiempo para que los jóvenes argelinos se levanten contra el gobierno, que reserva a la casta de la familia revolucionaria la propiedad del país, bajo el culto de una religión cívica como es el culto a los muertos por la patria, los shouhadas, de la que el FLN es el depositario.

 

El FIS  se vuelve contra el poder y su simbología. Reactualiza la figura del muyahidín, y la violencia padecida se vuelve violencia obligada. La amenaza identitaria árabe-islamista reenvía a la realidad histórica de la violencia cultural colonial y al traumatismo que produjo.

 

Por  otro lado, es de destacar que la violencia que se ejerce sobre el género persiste en las costumbres. Una fijación recurrente que viene con la herencia de una cultura milenaria, un modelo mediterráneo y musulmán de estricta separación de sexos y desigualdad[81].

 

La conclusión de Carlier es muy esclarecedora. El terror que se ejerce sobre el cuerpo social en Argelia no es un producto mecánico de un determinismo histórico que provoca la violencia extrema de los años 90, sino que es una actualización de tensiones multiseculares acumuladas a lo largo del tiempo, trasmitidas no en línea directa y de manera unívoca, sino reformuladas y reinventadas por las nuevas generaciones, en sus objetos e imágenes, en sus palabras y actitudes, porque todavía trabajan, al no haber sido discutidas en un espacio público y político abierto, al no haber sido nombradas y tratadas a tiempo, y por tanto superadas[82].

 

O como dicen otros autores: “la violencia argelina no es tanto el fruto de una ideología concreta como el resultado de la falta de apertura política de un sistema de poder que teme por encima de todo la libre expresión y la autoorganización de la sociedad”[83].

 

El vaticinio de Carlier parece complicado que se produzca realmente a día de hoy, 2011. Según Thieux, “la situación socioeconómica de Argelia es explosiva y desde el principio de año el número de huelgas y revueltas espontáneas ha aumentado considerablemente. Los cambios políticos en Túnez y en Egipto han alentado las protestas y los intentos de coordinación desde la sociedad civil argelina, tratando de articular un movimiento de contestación política”[84].

 

Y este autor destaca el papel que juega el miedo a la violencia: “el temor a enfrentarse a nuevos procesos de violencia es un elemento que cohíbe a muchos sectores de la sociedad ante la perspectiva de entrar en una confrontación directa con el ejército. El miedo a la capacidad represiva de éste es, por lo tanto, un elemento disuasorio de peso. A esa inquietud se une el hecho de que el régimen juega directamente a reprimir a la población con fortísimos despliegues policiales ante cualquier posible movilización (en la marcha convocada en Argel por los jóvenes, el 19 de marzo, había 60 policías por cada manifestante)”.

 

La tortura durante la guerra de Argelia.

 

Lo hemos visto a lo largo de nuestra exposición, pero al hilo del magnífico artículo de Branche[85] que trata precisamente de este tema, no podemos dejar de hacer algunas alusiones esclarecedoras al respecto de la tortura.

 

Durante la guerra de Argelia, esa violencia colonial que es la tortura en los territorios coloniales franceses (Indochina, Madagascar etc.) se refuerza por los argumentos y la práctica de la razón de Estado; dicho sea de paso, una razón de Estado muy importante para los franceses, como hemos querido exponer en el otro trabajo que hemos hecho para esta asignatura, un Estado francés que mantiene su soberanía a todo precio, aun al de crear una soberanía fantasmagórica y espectral como se ve en el caso de Vichy.

 

Este peso central de la tortura en Argelia tiene que ver con el temible principio de la responsabilidad colectiva, que desemboca en represalias colectivas[86].

 

La impresión que se tenía era que la utilización masiva de la tortura, correlativa al desmantelamiento de las redes del FLN (como podemos ver en la película La Batalla de Argel, película de 1966 italo-argelina de Gillo Pontecorvo, que se centra en la contestación brutal que los paracaidistas del general Massu hicieron a los ataques terroristas del FLN, con tortura generalizada y ejecución sumaria de centenares de sospechosos entre 1956 y 57), era de eficacia demostrada, y se presentaba como un método adaptado a la naturaleza de la lucha. Y además era aplicada con una metodología, que relata Branche[87], como lo han hecho otros autores claro está, y por medio de mediaciones (la cuerda por la que se suspende a las víctimas, el objeto utilizado para violar…) que hacen que la violencia se entienda civilizada por racional.

 

Por cierto, esto sería un hecho distintivo, según Meynier[88], de la violencia del FLN (violencia reaccional a las humillaciones coloniales), donde la violencia nunca está mediatizada por el útil que da la muerte, que protege al autor de la violencia; pero incluso para Meynier en ambos casos, el de la violencia francesa y la del FLN podría hablarse de violencia antropológica, pues el sadismo de la tortura erigida en institución que se da en el ejército francés puede ser un remanente de violencia antropológica.

 

Es más, los DOP, destacamentos operacionales de protección, utilizan desde 1957 la tortura como método ordinario, y eso se reconoce, como si la ilegalidad en la que actúan hubiera sido aceptada por las necesidades de guerra[89]. ¿Cómo no pensar al leer esto en Guantánamo o en Irak[90]?

 

Podemos leer en este artículo cómo evoluciona el tema de la tortura con los testimonios de Henri Alleg, con el compromiso de Sartre que se declara favorable a las negociaciones con los nacionalistas argelinos, con el ministro André Malraux contrario a la tortura, con el prefecto de policía de París Maurice Papon (quien el 5 de octubre de 1961 declaró claramente en los funerales de la policía en París: ‘por un golpe que den, daremos diez’[91]) etc.

 

Se resalta cómo el FLN recurre también a la tortura contra los indóciles, o en las purgas en el interior de las wilayas en 1958 y 1961…

 

En este sentido, recordemos el caso de “la bleuite”, en 1957, que supuso la eliminación de numerosos intelectuales pertenecientes a los maquis, en respuesta a una maniobra de “intoxicación” (es decir, de introducción de elementos desestabilizadores) por parte del ejército francés. También fue el caso de la matanza, en el mismo año 1957, de la población de Melouza, acusada de haber ayudado a una formación rival del FLN[92].

 

En todo caso, la amnistía que siguió al alto el fuego provocó el abandono de la persecución de esos delitos. Se convierte en una acto ilegal entre otros, aunque no fuera nombrado expresamente como acto amnistiado[93].

 

Incluso la tortura se ejerció contra la OAS, el nuevo enemigo.

 

En el año 2000, con ocasión de unos artículos de Le Monde, el primer ministro y el presidente de la República condenan la tortura que se ha llevado a cabo en la guerra de Argelia, sí, pero sólo en su aspecto moral, sin considerarla en su dimensión política, nos señala Branche, quien acaba concluyendo que en la cima del Estado en el fondo nada ha cambiado desde la guerra[94].

 

Algunos hechos puntuales.

 

 

Para finalizar, quisiera hacerme eco de algunos momentos que parecen cruciales en la historia de la guerra de Argelia.

 

En primer lugar, la manifestación del 17 de octubre de 1961 en París. La batalla de París, donde el FLN da muestra de una gran capacidad de adaptación.

 

Cuando la policía carga repetidamente contra la manifestación y 11.538 argelinos son arrestados en una sola noche, cuando hay violencia policial en las estaciones de metro, en los lugares de internamiento, cuando todo ocurre como si no hubiera ninguna autoridad a ejercer sobre los policías, cuando los argelinos no están seguros ni en sus casas, arrojando un balance según Amiri de 31 desaparecidos y un centenar de heridos, 337 heridos según los hospitales de París… es el momento en el que se rompió la unidad del cuerpo, porque hubo policías que empezaron a revelarse, anónimamente, contra esa represión, y es cuando en las altas esferas del Estado francés se considera que ha sido una victoria política del FLN.

 

La presión policial de esa jornada tuvo como consecuencia directa, según Harbi, el convertir al FLN en un partido de alcance totalitario[95].

 

En segundo lugar, queremos destacar la manifestación en la Bastilla del 8 de febrero de 1962, símbolo del rechazo casi general del OAS[96]. Un día antes, el OAS pone una bomba en el apartamento del ministro de asuntos culturales, André Malraux, y hiere a Delphine Renard, de cuatro años, hija de los propietarios del piso (Malraux es un inquilino); trescientos puntos de sutura, un ojo perdido. Si bien aún hubo quien se abstuvo de acudir: Fuerza obrera y el partido socialista SFIO y el movimiento gaulliste UNR (por miedo a la importancia de los comunistas). Carga policial violenta en el metro Charonne, y alrededor de la estación de metro cinco cadáveres, y otros tres en la plaza Voltaire. Tres mujeres y cinco hombres, el más joven de 16 años. Siete son miembros del PCF, todos de la CGT. 110 heridos, de los que uno morirá unos días después.

 

Cindo días más tarde, una muchedumbre inmensa acompaña a las víctimas de Charonne al cementerio de Père-Lachaise: 500.000 manifestantes, pero se redonde a un millón y la cifra queda. Gaullistes o no, toda la población parisina bascula en bloque contra los asesinos de la OAS.

 

En tercer lugar, le carnage rue d’Isly[97] (carnicería, matanza de la calle de Isly). El 23 de marzo de 1962 cincuenta hombres del OAS quieren desarmar a los militares franceses y obligarles a abandonar Bab el-Oued, un barrio que aún no controlan. Una patrulla del tren rechaza entregar las armas, un caporal musulmán toca la culata del arma, los comandos Alpha le ametrallan, matando a un teniente y a cinco soldados de contingente. Simbolizan a la población metropolitana. El comandante superior de las tropas francesas en Argelia, el general Charles Ailleret, reúne el estado mayor, gaulliste incondicional, va a reconquistar el barrio. Bombardeo aéreo de los comandos Alpha.

 

Los soldados de reemplazo pagan su exasperación con esos enmerdeurs-de-pieds-noirs-qui-n’ont-comme-but-que-de-prolonger-la-guerre; como señala Kauffer: como la población metropolitana un mes y medio antes tras el atentado en casa de Malraux, el ejército acaba de bascular en bloque, mandos y hombres del contingente. Contra la organización secreta y no a su lado…

 

Peor es al día siguiente en Argel. Convocada en la esperanza de forzar el desbloqueo pacífico, la marea humana de los pies negros no armada baja por la calle de Isly cantando La Marsellesa y con banderas tricolores. Soldados franceses musulmanes poco acostumbrados a mantener el orden y con motivos para lamentar no estar en el bando adecuado, matan a decenas de ellos.

 

Cuando sucede esto, balas francesas matándoles, los pies negros se desesperan, odian a De Gaulle, pero se dan cuenta que se ha franqueado un punto de no retorno.

 

La guerra ya no es franco-argelina, sino franco-francesa y argelino-argelina.

 

Y por último me quisiera hacer eco del horror de la tortura, ejemplificándolo con un caso particular, uno más, ciertamente. Una familia (Mello) fue torturada y ejecutada en Aïn-Abid, pero con una barbarie extrema. El padre fue amputado de brazos y piernas con un hacha. La niña recién nacida de cinco días fue cortada y colocada en el vientre de su madre reventada. La hija de 11 años y la abuela fueron violadas y asesinadas. ¿Cabe decir algo (más)?

 

Epílogo.

 

Quizá la mejor conclusión en cuanto a la responsabilidad de la guerra en Argelia sea el silencio. Como el silencio de ese Camus que sólo dijo que prefería la madre a la justicia[98]. Ese Camus incomprendido, muerto durante los acontecimientos más graves de la guerra (por cierto, según una noticia que leí hace poco en la prensa, según unas memorias descubiertas hace poco, en realidad asesinado por los rusos, por lo que su accidente de coche no sería tal accidente).

 

Su silencio no sería el del cobarde, como dicen los ultras, sino que manifiesta precisamente su posición argelina, lo absoluto de su soledad, de no poder estar ni de un lado ni del otro, porque ninguno de los dos términos de las elecciones propuestas puede ser elegido[99].

 

Pero acaso el hecho de mantener esta posición tenga un límite, el de alzar la voz contra casos como el de las torturas, como hizo por ejemplo el general Bollardière, que combatió contra los alemanes durante toda la guerra (como Massu y Aussaresses), que denunció públicamente “el espantoso peligro” que representa para una nación la práctica generalizada de la tortura, y fue condenado a sesenta días de encierro en una prisión estatal, por haber escuchado su conciencia y no las razones de Estado.

 

O el general Teigen, que siendo secretario de la Policía de Argel dimitió “después de reconocer en el cuerpo de los ‘sospechosos’ las huellas profundas de los malos tratos o torturas que hace catorce años sufrí yo personalmente dentro de los sótanos de la Gestapo en Nancy”[100].

 

Acaso la condena no haya de ser sólo moral, contentándose con decir que ‘hay que tomarse su tiempo y dejar hacer a la historia su trabajo’ como dijo el jefe de Estado Chirac en la cadena de televisión TF1 el 14 de diciembre del 2000, acaso no baste con el silencio, acaso en estos casos la justicia deba vencer a la madre, acaso por eso el derecho internacional reconoce el carácter imprescriptible de ese tipo de crímenes.

BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL

HARBI, M. y STORA, B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004.

 

DROZ, B. y LEVER, E., Histoire de la guerre d’Algérie 1954-1962, Seuil, Paris, 1982.


[1] HARBI, M. y STORA, B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004.

[2] Recordemos las palabras de De Gaulle (golpista militar según aquellos que no votaran su investidura el 1 de junio de 1958) en las ondas el 27 de mayo: “Ayer comencé el proceso regular, necesario, de establecimiento de un gobierno republicano, capaz de asegurar la unidad y la independencia del país… Espero de las fuerzas terrestres, navales y aéreas presentes en Argelia, que se mantengan ejemplares bajo las órdenes de sus jefes…”

El 3 de junio se le otorgaron plenos poderes durante seis meses y poderes especiales para Argelia.

Cfr. DROZ, B. y LEVER, E., Histoire de la guerre d’Algérie 1954-1962, Seuil, Paris, 1982, p. 179.

[3] Op. cit., p.23.

[4] HARBI, M., « L’Algérie en perspectives », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 36.

[5] Ibíd. p. 37.

[6] Ibíd., p. 38.

[7] Ibíd., p. 40.

[8] Ibíd., p. 43.

[9] GALLISSOT, R., « La décolonisation du Maghreb : de l’Afrique du Nord française au Maghreb en suspens », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 36., p. 61.

[10] THÉNAULT, S., « La justice dans la guerre d’Algérie », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 77.

[11] Ibíd., p. 78.

[12] Ibíd., p. 79.

[13] Ibíd., p. 79.

[14] Cfr. DROZ, B. y LEVER, E., Histoire de la guerre d’Algérie 1954-1962, Seuil, Paris, 1982, p. 58.

[15] Ibid.

[16] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 82.

[17] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 84.

[18] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 85.

[19] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 87.

[20] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 87.

[21] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 90.

[22] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 92.

[23] Op. Cit., THÉNAULT, S., p. 93.

[24] PEYROULOU, J-P., « Rétablir et maintenir l’ordre colonial : la police française et les Algériens en Algérie française de 1945 à 1962 », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algerie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 97.

[25] Ibíd., p. 123.

[26] Ibíd., p. 125.

[27] Ibíd., p. 127.

[28] Ibíd., p. 130.

[29] QUEMENEUR, T., « La discipline jusque dans l’indiscipline », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 171.

[30] Ibíd., p. 174.

[31] Ibíd., p. 176.

[32] Ibíd., p. 177.

[33] Ibíd., p. 178.

[34] Ibíd., p. 180.

[35] Cfr. Una interesante entrevista del 8 de febrero del 2011 con la autora en http://www.mdzol.com/mdz/nota/271904

[36] Ibíd., p. 182.

[37] En 2002 un tribunal penal de París condenó a una multa de 7.500 euros al general Paul Aussaresses, de 83 años, por publicar un relato de las torturas y ejecuciones sumarias a las que se libró durante la guerra de Argelia, entre 1955 y 1957. En su sentencia, el tribunal da crédito a la teoría de que las autoridades políticas de la época conocían los métodos usados: Aussaresses asegura que el entonces ministro de Justicia, François Miterrand, estaba informado por su representante en Argel.

Cfr. Elpais.com de 26/01/2002. Artículo de Joaquín Prieto.

[38] Ibíd., p. 184.

[39] KAUFFER, K. « OAS : la guerre franco-française d’Algérie », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 451 y ss.

[40] Ibíd. P. 474.

[41] Para ver detalladamente el papel de las fuerzas armadas en Argelia desde la independencia hasta el comienzo del proceso de democratización en 1988, nos remitimos a ECHEVARRÍA, C. “La fuerzas armadas argelinas: desafíos nacionales e internacionales”, DT nº 8/2004, del Real Instituto el Cano (disponible en la red).

[42] TALEB IBRAHIMI, KH., « Les Algériennes et la guerre de libération nationales. L’émergence des femmes dans l’espace public et politique au cours de la guerre et l’après-guerre», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 213.

[43] Op. cit., p. 242.

[44] LIZAUZU, C.., « Ceux qui ont fait la guerre à la guerre », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 161.

[45] Ibíd., p. 164.

[46] Ibíd., p. 168.

[47] LEFEUVRE, D., « Les pieds-noirs», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 267.

[48] Ibíd., p. 268.

[49] Ibíd., p. 270.

[50] Ibíd., p. 277.

[51] Ibíd., p. 279.

[52] Ibíd., p. 286.

[53] STORA, B. « L’impossible neutralité des Juifs d’Algérie», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 288.

[54] Ibíd., p. 297.

[55] HAMOUMOU, M.. « L’histoire des harkis et Français musulmans : la fin d’un tabou ?», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 317.

[56] Ibíd., p. 323.

[57] Ibíd., p. 325.

[58] Ibíd., p. 329.

[59] Ibíd., p. 330.

[60] Ibíd., p. 332.

[61] Ibíd., p. 333.

[62] Ibíd., p. 335.

[63] Ibíd., p. 337.

[64] Ibíd., p. 339.

[65] Ibíd., p. 341.

[66] Ibíd., p. 343.

[67] Ibíd., p. 344.

[68] BARNIER, H., “Argelia, una transición violenta”, Observatorio de conflictos, Informe del Seminario de investigación para la paz, nº 6, 1997, p. 3.

[69] El País digital, “Argelia teme una rebelión en el país” (septiembre de 2011).

[70] Y en este sentido, sirva de apoyo el testimonio de un protésico dental, Walid, este mismo 7 de septiembre, según vemos en el periódico L’Expression-Le quotidien, “Quand les algériens se confient”: “¿cómo vamos a aceptar que fuerzas extranjeras se inmiscuyan en los asuntos internos de un Estado vecino sin reaccionar?, lo que ha pasado en Libia es un grave atentado a la soberanía de los Estados, que no quedará sin consecuencias. ¿Por qué no intervienen en Siria? Allí la situación es mucho más grave. El Assad ha tomado las armas contra su pueblo que es manifiestamente pacífico. Pero la comunidad internacional no hace más que condenar sin más.”

[71] Europapress.es, “Argelia considera que acoger a la familia de Gadafi era una ‘cuestión humanitaria’”, 4 septiembre de 2011.

[72] GHEZALI, S., TAIBO, C., GONZÁLEZ FAUS, J. I., “Las tinieblas de la guerra. Argelia y Kosovo”, en Cuadernos Cristianisme i Justicia, nº 90, mayo 1999, p. 7.

[73] MORÉ, I., « El imprescindible eje Madrid-Argel », ARI Nº 61-2002, en Real Instituto El Cano (disponible en la red).

[74] Cfr. HERNANDO DE LARRAMENDI, M., “Argelia tras la reelección de Abdelaziz uteflika”, ARI Nº 87/2004, en Real Instituto El Cano (disponible en la red).

[75] Cfr. SANCHA, N., « Argelia, entre los desafíos internos y el cortejo internacional”, ARI Nº 119-2005, en Real Instituto El Cano (disponible en la red).

[76] BUSTOS, R. « La política árabe y mediterránea de España”, en Revista CIDOB d’AFERS INTERNACIONALS 79-80, p. 172 (disponible en la red).

[77] Cfr. BOTHA, A, « Atentados suicidas en Argelia, 2007-2008 : al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), ARI Nº 33/2009, en Real Instituto El Cano (disponible en la red).

[78] ROBERTS, H., « Argelia : la lógica subyacente de unas ‘no elecciones’ », ARI Nº 68/2009, en Real Instituto El Cano (disponible en la red).

[79] CARLIER, O. « Violence(s)», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 362.

[80] Ibíd., p. 364.

[81] Ibíd., p. 371.

[82] Ibíd., p. 371.

[83] GHEZALI, S., TAIBO, C., GONZÁLEZ FAUS, J. I., “Las tinieblas de la guerra. Argelia y Kosovo”, en Cuadernos Cristianisme i Justicia, nº 90, mayo 1999, p. 13.

[84] THIEUX, L., « La sociedad civil y las perspectivas de cambio político en Argelia”, ARI 68/2011, en Real Instituto El Cano (disponible en la red).

[85] BRANCHE, R. « La torture pendant la guerre d’Algérie», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 381.

[86] Ibíd., p. 385.

[87] Ibíd., p. 387.

[88] MEYNIER, G.. « Le PPA-MTLD et le FLN-ALN», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 437.

[89] Ibíd., p. 387.

[90] En este sentido, Henri Alleg, periodista político torturado en Argelia y autor del célebre libro “La question”,  declaró en una entrevista que “efectivamente, lo que sucede en Irak es una versión de lo que había sucedido en Argelia y en otros países […] Esta enseñanza la realizaron en los mismo Estados Unidos, particularmente en Fort Bragg, así como también en América Latina”.

Cfr. http://www.pvp.org.uy/alleg.htm

[91] AMIRI, L. « La répresion policière en France vue par les archives», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 381.

[92] GHEZALI, S., TAIBO, C., GONZÁLEZ FAUS, J. I., “Las tinieblas de la guerra. Argelia y Kosovo”, en Cuadernos Cristianisme i Justicia, nº 90, mayo 1999, p. 7.

[93] Op. cit. BRANCHE, R, p. 398.

[94] Ibíd., p. 401.

[95] Ibíd., p. 416.

[96] KAUFFER, R. « OAS : la guerre franco-française d’Algérie», en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 451.

[97] Ibíd., p. 454.

[98] GONZALES, J-J.. « Une utopie méditerranéenne. Albert Camus et l’Algérie en guerre », en HARBI M. y STORA B., La Guerre d’Algérie, 1954-2004, la fin de l’amnésie, Éditions Robert Laffont, Paris, 2004, p. 597.

[99] Ibíd., p. 613.

[100] TODOROV, TZ, La tortura durante la guerra de Argelia, en la introducción a dicho libro disponible en la red.

 

 

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